Archive for the ‘LITERATURA’ Category

 

LAS MADRES DE LA HISTORIA

MARÍA ROSA MELÉNDEZ

Ars$ 142,00
 Agar mira el desierto con infinita nostalgia. Contiene las lágrimas. “No llores” parecen decir los recuerdos mientras los colosales monumentos funerarios se van borrando en un horizonte de arena. Cierra el velo sobre su cara, y recostada en el edredón de la tristeza, se apronta a dormir las horas de la oscuridad y los vientos, ella, que conoció la suavidad de las aguas, y la abundancia de los manjares, será la esclava más pobre de la más pobre de las tribus del desierto. Y de una mujer, de la … ver más
categoría: Novela
número/año de edición: 1/2018
etiquetas: n/d
número de páginas: 68
editorial: edición del autor
formato: 14 x 21 cm (con solapa), Rústico (pegado)
interior: Papel Blanco 75 Grs, Blanco y Negro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LIBROS QUEMADOS

MARÍA ROSA MELÉNDEZ

Ars$ 291,00

categoría: Novela
número/año de edición: 1/2018
etiquetas: educación,  literatura,  novelas,  educación argentina,
número de páginas: 336
editorial: edición del autor
formato: 14 x 21 cm (con solapa), Rústico (pegado)
interior: Papel Blanco 75 Grs, Blanco y Negro

 

 

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María Elena, la de los versos familiares

Era la adolescencia empecinada. Tus versos se hicieron senderos por los que comenzamos a amar la poesía. Nos llevaste de la mano por las calles de Buenos Aires a conocer las estatuas que nos contaron cuentos de la Patria, nos remontaste sobre el horizonte a volar sobre una ciudad con campanarios y cisnes, nos enseñaste a amar la tierra de uno con su verano de jazmines desde el desarraigo de nuestro corazón , a que revalorizamos la vejez haciéndonos ver triciclos azules, a que amáramos la vida desde el olor a espanto de la guerra que enloqueció tu joven corazón, a reírnos de los que tienen la sartén por el mango y el mango también y a despreciar a los críticos con idea fija y con intelectual preocupación, a que encontráramos a Buenos Aires en los libros de Plaza Laprida,  a descubrir en el universo de la miniatura del Larousse, versos por casualidad y espejos de la verdad…y, María Elena, mientras andábamos cantando bajito tus poemas, la mano de tu ternura construía nuestra subjetividad, amasaba nuestra intimidad, alzaba los pilares de nuestro  mundo interior. Tu voz se hizo familiar, como si llegara desde el patio de nuestra casa, insospechadamente y en pantuflas…Aprendimos a ser nosotras, contigo.

Más tarde cantamos a nuestros hijos que una nuez arrugada y chiquita puede tener mucha, mucha miel; que Manuelita volvió por su tortugo tan arrugada como había llegado a París, que el tiempo del amor  no se enjaula, que la Reina Batata puede ser un jardín en un vaso, y que las cosas pueden verse al revés en otro reino. Ellos descubrieron desde el juego del lenguaje y el mundo de la imaginación, los valores que los sostendrían durante toda su vida. Y jamás, María Elena, apelaste a los golpes bajos ni al tabú para sorprender a un niño. Tu respeto por ellos y la alegría de tu poesía fue lo que te convirtió en la abuela que cantaba y enseñaba a leer sobre la alfombra del cuarto.

Y, María Elena, fue el mayor de los consuelos repetir contigo la lección de la cigarra, saber que a la hora del destierro y de la oscuridad alguien nos levantaría para seguir cantando. Cada vez que caímos nos levantaste con ella, con tu esperanza interminable.

Entraste en el cielo de los que nunca se olvidan el mismo día que Gabriela Mistral, la que cantó a los piececitos azulosos de frío mil nanas y rondas maravillosas. Las casualidades no existen. Ella también fue musa de la infancia, con amor genuino y genio total. Estás sentada junto a ella en el hogar donde se alojan  los seres queridos. El fuego no se apagará jamás.

María Rosa Meléndez


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“El cerebro de los necios transforma la Filosofía en tontería y la Ciencia en superstición”

George Bernard Shaw

No es novedad que las falsas creencias se remontan al origen de la existencia humana. En las épocas prehistóricas, aseveran los historiadores, el hombre no distinguía entre causa y consecuencia, es decir, no había desarrollado aún su capacidad de razonamiento como para entender el encadenado de los hechos que se suceden en la naturaleza. La procreación, por ejemplo, no se detectaba como una consecuencia de los actos sexuales; el fuego, caro tesoro, era conservado pero no lograban encenderlo sino que lo tomaban de los bosques en llamas producidas, tal vez, por los rayos en el devenir de las tormentas. De eso se trata el pensamiento mágico: origina culturas que son dominadas por creencias falsas y el hombre se encuentra sometido a su acción, depende de que le sean favorables esos misterios de la vida , genera, alrededor de ellos, para su propia tranquilidad, cantidad de ritos, inventa deidades y atribuye a los objetos poderes extraordinarios. El hombre se siente atado a algo superior que le procurará su felicidad o su desasosiego.

Contrariamente a lo que circula en cierta literatura secular, la religión viene junto con el desarrollo de la ciencia, a liberar a la humanidad de estas ataduras. Precisamente, el término “religión” de “religare” presenta un contenido más que significativo, pues habla de devolver al hombre una conexión que parece tener desprendida. La religión lo religa, lo vuelve a conectar con el principio de toda razón y de todo bien.  Y la ciencia que se abre camino lentamente a partir de la Grecia clásica, precedida  por la pregunta filosófica, viene a revertir lo que era “casualidad” en términos de “causalidad”.  La magia concurre a ocupar su lugar, con el devenir del tiempo, de entretenimiento social o juego de niños.

Sin embargo, como suele suceder, muchas veces la gente reemplaza la fe por la magia en busca de soluciones repentinas que le brinden satisfacción inmediata. Esta confusión entre religión y magia es acaso la misma que se da entre esperanza e ilusión. Y es, me temo, el motivo por el cual el filósofo Nietche expresó con gran congoja de su parte, aquella célebre frase: “Dios ha muerto”. Pues esa desesperación que lo llevó a descreer de todo y de todos se fundaba precisamente en la tremenda “desilusión” de un dios que no interviene entre la maldad y las buenas intenciones, el Dios que respeta nuestro libre albedrío.

La ciencia, por su parte, corre frecuentemente, la misma suerte. Ocurre que, por distintas vías, a pesar y valiéndose de la tecnología, se hurga en las antiguas civilizaciones con el fin de descubrir  soluciones maravillosas que, por supuesto, anulen las leyes de la causalidad y presten alegremente casuales, perfiles míticos a una civilización que se aburre.

Siempre resulta más fácil volver a ser niño, desde luego, ceder nuestra libertad y nuestra capacidad de decidir soberanamente y no asumir el desafío y las consecuencias de nuestras decisiones. Es por eso que muchos de nosotros, a pesar de y gracias a los avances tecnológicos, recurrimos a esa mala mezcla de magia y falsa ciencia para encontrar la felicidad, el amor y, lo que es verdaderamente triste, la paz espiritual.

Este retroceso de la humanidad que efectuamos individualmente y que a la postre nos deja con las manos y el corazón vacíos es alimentado por muchas personas que poseen una gran capacidad de seducción y también, para mal de ellas, una cultura e instrucción  mayor que la  de la mayoría. Precisamente, por esa condición, saben de la necesidad humana de ser engañado en pos de ilusiones y sueños mágicos. Así es como encontramos vendedores de gemas, piedras con toda clase de poderes, cabalistas, curanderos y brujos de toda laya, muy modernos y atractivos, que llenan de esplendor la candidez de la ignorancia y de dinero, sus bolsillos.

Este negocio consiste, sin duda en  propagar,  una especie de “religión” frívola y liviana que no exige pautas morales,  y que brinda todo lo se puede desear. Lamentablemente, estos devotos que pagan un buen precio por las piedritas cordobesas o brasileras que podrían encontrar en cualquier excursión bien guiada a menor costo, o por unas barajas que parecen vaticinarle encuentros que de todas maneras sucederán o no sucederán, perderán su ilusión, pues de eso se trata, de una “illusio” (engaño) en manos de quien ejerce un “illudere” (burlarse, jugar en contra).

En este fin de año que se aproxima recuperemos la libertad de poder decidir y conseguir con nuestro propio esfuerzo las cosas que amablemente soñamos. Y  dependamos de nuestra esperanza en el Principio de toda razón y todo bien, para no ser defraudados ni usados por estos nuevos estafadores que utilizan nuestras ancestrales creencias para acrecentar sus apetencias materiales.

La mentira tiene rostros atractivos pero la Verdad es una Luz inconmovible.

María Rosa Meléndez

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“El cerebro de los necios transforma la Filosofía en tontería y la Ciencia en superstición”

George Bernard Shaw

No es novedad que las falsas creencias se remontan al origen de la existencia humana. En las épocas prehistóricas, aseveran los historiadores, el hombre no distinguía entre causa y consecuencia, es decir, no había desarrollado aún su capacidad de razonamiento como para entender el encadenado de los hechos que se suceden en la naturaleza. La procreación, por ejemplo, no se detectaba como una consecuencia de los actos sexuales; el fuego, caro tesoro, era conservado pero no lograban encenderlo sino que lo tomaban de los bosques en llamas producidas, tal vez, por los rayos en el devenir de las tormentas. De eso se trata el pensamiento mágico: origina culturas que son dominadas por creencias falsas y el hombre se encuentra sometido a su acción, depende de que le sean favorables esos misterios de la vida , genera, alrededor de ellos, para su propia tranquilidad, cantidad de ritos, inventa deidades y atribuye a los objetos poderes extraordinarios. El hombre se siente atado a algo superior que le procurará su felicidad o su desasosiego.

Contrariamente a lo que circula en cierta literatura secular, la religión viene junto con el desarrollo de la ciencia, a liberar a la humanidad de estas ataduras. Precisamente, el término “religión” de “religare” presenta un contenido más que significativo, pues habla de devolver al hombre una conexión que parece tener desprendida. La religión lo religa, lo vuelve a conectar con el principio de toda razón y de todo bien.  Y la ciencia que se abre camino lentamente a partir de la Grecia clásica, precedida  por la pregunta filosófica, viene a revertir lo que era “casualidad” en términos de “causalidad”.  La magia concurre a ocupar su lugar, con el devenir del tiempo, de entretenimiento social o juego de niños.

Sin embargo, como suele suceder, muchas veces la gente reemplaza la fe por la magia en busca de soluciones repentinas que le brinden satisfacción inmediata. Esta confusión entre religión y magia es acaso la misma que se da entre esperanza e ilusión. Y es, me temo, el motivo por el cual el filósofo Nietche expresó con gran congoja de su parte, aquella célebre frase: “Dios ha muerto”. Pues esa desesperación que lo llevó a descreer de todo y de todos se fundaba precisamente en la tremenda “desilusión” de un dios que no interviene entre la maldad y las buenas intenciones, el Dios que respeta nuestro libre albedrío.

La ciencia, por su parte, corre frecuentemente, la misma suerte. Ocurre que, por distintas vías, a pesar y valiéndose de la tecnología, se hurga en las antiguas civilizaciones con el fin de descubrir  soluciones maravillosas que, por supuesto, anulen las leyes de la causalidad y presten alegremente casuales, perfiles míticos a una civilización que se aburre.

Siempre resulta más fácil volver a ser niño, desde luego, ceder nuestra libertad y nuestra capacidad de decidir soberanamente y no asumir el desafío y las consecuencias de nuestras decisiones. Es por eso que muchos de nosotros, a pesar de y gracias a los avances tecnológicos, recurrimos a esa mala mezcla de magia y falsa ciencia para encontrar la felicidad, el amor y, lo que es verdaderamente triste, la paz espiritual.

Este retroceso de la humanidad que efectuamos individualmente y que a la postre nos deja con las manos y el corazón vacíos es alimentado por muchas personas que poseen una gran capacidad de seducción y también, para mal de ellas, una cultura e instrucción  mayor que la  de la mayoría. Precisamente, por esa condición, saben de la necesidad humana de ser engañado en pos de ilusiones y sueños mágicos. Así es como encontramos vendedores de gemas, piedras con toda clase de poderes, cabalistas, curanderos y brujos de toda laya, muy modernos y atractivos, que llenan de esplendor la candidez de la ignorancia y de dinero, sus bolsillos.

Este negocio consiste, sin duda en  propagar,  una especie de “religión” frívola y liviana que no exige pautas morales,  y que brinda todo lo se puede desear. Lamentablemente, estos devotos que pagan un buen precio por las piedritas cordobesas o brasileras que podrían encontrar en cualquier excursión bien guiada a menor costo, o por unas barajas que parecen vaticinarle encuentros que de todas maneras sucederán o no sucederán, perderán su ilusión, pues de eso se trata, de una “illusio” (engaño) en manos de quien ejerce un “illudere” (burlarse, jugar en contra).

En este fin de año que se aproxima recuperemos la libertad de poder decidir y conseguir con nuestro propio esfuerzo las cosas que amablemente soñamos. Y  dependamos de nuestra esperanza en el Principio de toda razón y todo bien, para no ser defraudados ni usados por estos nuevos estafadores que utilizan nuestras ancestrales creencias para acrecentar sus apetencias materiales.

La mentira tiene rostros atractivos pero la Verdad es una Luz inconmovible.

María Rosa Meléndez

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Apertura del Foro “Los maestros en el Bicentenario”

Instituto Superior de Formación Docente N° 6 “Mons. Jorge Gottau”

A fines del siglo XIX, los fundadores de nuestra Patria se encontraron con una inmensa región poblada de riquezas naturales pero con una pobreza primordial: la falta de recursos humanos.

Esto suscitó la creación de leyes que favorecieran la inmigración. Así fue como durante un siglo,se vio una constante afluencia de extranjeros hacia nuestras tierras, especialmente durante los procesos de las dos guerras mundiales. Se trataba de ciudadanos de antiguas naciones que en busca de paz, poblaron el país y aportaron algo imprescindible: su vocación de trabajo. Con esfuerzo y sacrificio sin medida construyeron ciudades,levantaron fábricas y produjeron cosechas. Pero cómo construir una nación con procedencias tan dispares que, si bien constituían aportes extraordinarios dispersaban la identidad en lo que se llamó un verdadero “crisol de razas”? La respuesta fue la educación. En cada lejano rincón de la Patria, con blancos guardapolvos, se elevaba cada día la enseña nacional, se aprendía nuestra historia, nuestra geografía, nuestra lengua, y, sobre todo, se forjaba nuestro perfil. Esta tarea heroica, que se desarrolló durante un siglo en todo el territorio argentino fue llevado a cabo con perfección inusitada por  los maestros normales. A esta exitosa actividad que fue la base de la construcción de una nación que se constituyó en la séptima potencia mundial y una de las más adelantadas en el terreno de la educación en el mundo, el discurso moderno la llama “homogeneización” en oposición al término “diversidad” tan extendido en esta irónicamente sociedad de pensamiento único, que es mucho menos flexible en sus definiciones.

Ser maestro normal suponía una conducta moral, unos valores que transmitir desde la escuela a la sociedad. La legitimidad de estos jóvencitos que con apenas dieciocho años se paraban frente a los niños en las aulas, estaba basada en un profundo saber preñado de humanismo y una auténtica honradez que suscitaba respeto como base de la relación maestro – sociedad.

Con el devenir de los años, el nombre “maestro” ha sido reemplazado por “docente”. Maestro es el que se encuentra “más arriba”, posee una jerarquia que le brinda su formación, y por esa razón me puede guiar. Docente es simplemente “el que enseña”.

¿Qué nos pasó? Aceptemos que hubo al menos una generación de adultos que falló. Es así. Con la declinación del Estado de Bienestar y el advenimiento del neoliberalismo, se produce el fenómeno de la corrupción y su correlato, la impunidad, en todos los estamentos sociales, en las instituciones y por supuesto, en el sistema educativo. Pero la gota que rebalsa el vaso es, que como consecuencia del gran endeudamiento generado por  esto, los organismos de crédito internacionales, principalmente el Banco Mundial, imponen sus condiciones, perdiéndose las soberanas posibilidades de constituir una nación que se autodetermina, es decir,  hemos roto el juramento de “con gloria morir” y los laureles cuyo mandato era la eternidad ya se secaron. Una de las más dolorosas consecuencias de estas imposiciones fue la disminución del presupuesto para educación, con su sobrenombre “ley federal”, de infeliz vigencia a pesar de los esfuerzos de la Ley de Educación Nacional.

La consecuencia más directa y visible de la disminución presupuestaria está a la vista: los colegios contenedores. Contenedor no dicho en el sentido psicologista sino en alusión a esos baúles de hierro que se amontonan en los puertos. Estos colegios contienen a los alumnos como oscuros recintos en los que se habla todo el día de calidad y equidad pero ninguna de las dos aparece. Están allí. Se los guarda con algunos planes sociales para garantizar la gobernabilidad, término acuñado como eufemismo que equivale a decir: que la masa no explote.

Este es el motivo de la esperanza. Aunque parezca contradictorio, Nunca está más oscuro que cuando va a amanecer. El ver estos rostros jóvenes expectantes frente a los maestro que construyeron la PATRIA, la alegría de este encuentro en el que sienten que aprenderán una lección de vida, las preguntas que esperan ser respondidas como faros que iluminan en medio de la tormenta, hablan de que aún son tomados como modelos, que hay muchos futuros docentes que sueñan con llegar a ser “maestros”. Que así sea.

María Rosa Meléndez

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De los gobiernos almamulas

Cuenta la leyenda de personas que, habiendo practicado el incesto, se convierten en chanchos o lobos que en las noches salen a rondar por el pueblo, arrastrando horrorosas cadenas. Se los llama “almamulas” y están condenados definitivamente. Ocurre un caso similar en la política. Quiero decir, también existen los gobiernos “almamulas”. Técnicamente se lo llama “nepotismo”.

Recordemos: se llama nepotismo a “la preferencia que tienen algunos gobernantesfuncionarios públicos para dar empleos públicos a familiares o amigos sin tomar en cuenta la competencia de los mismos para la labor, sino su lealtad o alianza. Según Manuel Ossorio: “Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las gracias o empleos públicos”. En países donde se practica la meritocracia (en su concepción de darwinismo social) su uso es generalmente negativo y se considera corrupción. (Fuente: Wikipedia).

Así pasa en mi pueblo. No sé en el suyo. El papá, la hija, la hermana, el cuñado…Todo queda en familia. Luego se extiende a otras instituciones y pronto a los negocios y es allí donde mejor aprovecha. El pueblo, es decir, el convidado de piedra, queda mirando cómo crecen los campos y las propiedades de la familia.

El peor anuncio que puede hacer un gobernante es que elije como sucesor a un familiar. Está diciendo a los gritos que tiene cosas que esconder o negocios que continuar. No aceptar la posibilidad de ser controlado; no discernir candidatos que en su vida cívica hayan dado muestras de probidad y capacidad es una muestra de la debilidad de nuestra democracia. Más aún, es una muestra de cómo se ha naturalizado la corrupción entre nosotros.

María Rosa Meléndez

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Oración a San Martín

Padre de la Patria nuestro

Que estás en la proeza de los Andes

Santificado sea en Dios tu nombre

Por el designio de los hombres grandes.

 

Venga a nosotros luminosa y noble

La memoria total de tu ideario.

Tu voluntad que atravesó las cumbres

Hágase en el discurso y el trabajo.

 

Danos tu ejemplo para cada día,

La huella libre que marcó tu paso,

La dignidad serena del exilio,

El temple de tu brazo.

 

Que no nos deje Dios caer en manos

De los que no siguieron tu camino

Nos libre de su estirpe y de su gloria

Así sea. Tus hijos argentinos.

María Rosa Meléndez

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Noche

En mi cóncava sombra soy vacío,

Día claro y rotundo, conmovido

Por todas las estrellas que he traído

En mi falda calada de rocío.

Y en el alba te espero, muero y río,

Día de resplandores encendido.

Ya en mis violetas manos confundido

Déjate descansar, amigo mío,

 

Pues te estuve esperando largamente,

Agostada mi gélida simiente,

Vencido el sueño en mi cansada frente,

 

Perdido el beso en la penumbra incierta.

Y en el eterno ciclo echemos cuentas

Con el ábaco azul de las tormentas

MARÍA ROSA MELÉNDEZ

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Sentadita y morosa en la vereda

La vieja se despide de cuantos pasan.

Piensa “¿volveré a verte, tarde, despierta?”

Y se pone infinita su perruna mirada.

 

Las nietas le han rogado “Abuela,¡acuéstese!,

Duerma un rato la siesta que está cansada!”

“Ya dormiré bastante”, piensa, y se queda

En el sillón despierta y empecinada.

 

“Quién sabe si al dormirme, me quede quieta

Para siempre y el barrio tenga campanas…

Vendrán a mi velorio todos mis hijos,

Mis vecinos, comadres, en caravana.

 

Llevarán mi cuerpito por la avenida

Rogándole a la Virgen de la Esperanza.

Después me dejarán bajo los pinos

Y oculta entre los muertos, ya seré nada”.

 

Mandó plantar rosales en la vereda

Para ver los capullos mientras siesteaba.

Pero el invierno quiso secarlos todos

Por más agua y abono que les echara.

 

Se enojó con el tiempo (que no da flores)

Y con los transeúntes que saludara,

Con sus nietas cargosas, con sus vecinos

Y le pidió al silencio que la llevara.

 

María Rosa Meléndez

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Inmigrantes…

 

Un pequeño escritor de pueblo, ensoberbecido hasta la gordura por algunas publicaciones vernáculas que ha logrado después de mucho trajinar, envuelto en la ola que va a favor de la corriente, promociona sus sentimientos embozados en términos de ideas, en un diario provinciano de mucha salida. Leyéndolo, pienso: cuántas veces nuestro sistema límbico no nos permite razonar en bien de la verdad y cuántas veces, la demagogia y el populismo obnubilan mentes que pudieron realmente aportar sabiduría a su humanidad.

El bicentenario era el tema anunciado en el título de su artículo. Pero en la pulpa comenzaba a brotar el odio, un odio quién sabe amasado por cuanta frustración acumulada, resentimientos escondidos y ambiciones inconfesas. El hecho es que los que salíamos pagando éramos, (de rigor), los descendientes de inmigrantes, esos que llegaron “hambrientos, harapientos” y no recuerdo cuántas cosas más y que se enriquecieron con lo ajeno…Y así continúa pintando a los abuelos de usurpadores, seres despiadados, ladrones, etc., etc., en desmedro de los pobladores que él llama originarios, quienes eran seres puros, y en quienes residían todos los derechos, (nada dice de deberes)

Frente a este tipo de manifestaciones suelen acontecer dos actitudes: la de los porteños o los religiosos españoles que acosados por la culpa, otorgan toda la razón y se lo pasan realizando colectas y donaciones, o la de los gobiernos como el que nos tocó en suerte, que, con el fin de garantizar la gobernabilidad y perpetuarse hacen lo propio y fomentan, además, versiones históricas distorsionadas.

Yo, que me he pasado la vida, por elección, trabajando sin mayor recompensa que un salario indigno y mucha discriminación hacia mi color de piel (blanca) en lugares donde resignadamente y en silencio traté de edificar sin demagogias ni resentimientos ni odios, lugares mayormente del noroeste argentino, creo que me gané el derecho a alguna pequeña reflexión. Y quiero hacerla.

Quiero, en principio, hacer homenaje y reparación a mis abuelos, (los de todos los descendientes de inmigrantes) que dejando las márgenes del Mediterráneo, llegaron buscando la paz y derramaron con tanto amor, sus esfuerzos y sacrificios, con gratitud y con fe, sobre esta tierra que yacía abandonada. Y en el camino de la construcción, fueron aprendiendo a sentirse argentinos, nos enseñaron la historia, la geografía y los valores nacionales, nos exigieron honradez, austeridad y virtud. Pusieron a presidir el aula el retrato de San Martín y no el del gobernador que hace la vista gorda y enriquece a sus funcionarios. Y murieron en la humildad.

Quiero, por otra parte, repensar las ideas de Paolo Freire, ese inmenso educador que propuso la pedagogía del oprimido en aras de una sociedad basada en la libertad y el amor, cuando nos enseñaba el gran drama de nuestros pueblos. Explicaba que, el oprimido aprendía una forma de conducta y un sistema del cual no se sale sin un esfuerzo de la conciencia. Por lo tanto, en el esquema piramidal que podría representar una sociedad de opresores y oprimidos, el que se encuentra en la base, puja por ascender escalando hacia la cumbre de la pirámide, y cuando llega, repite las mismas conductas opresoras que aprendió de aquellos que lo oprimieron. Freire propone cambiar ese esquema y transformarlo en un círculo.

Efectivamente, uno ve por estos pagos, gracias al otrora magnífico Estado de Bienestar, que la gente que sufría pobreza, ha progresado infinitamente. Los que vivían en ranchos habitan confortables casas; los que trabajaban como hacheros y peones son dueños de grandes extensiones de campos fiscales; los que andaban en zorras manejan camionetas de doble cabina. ¡Qué bien! ¡Qué bien! Justicia. Justicia. Pero ahora son ellos los que oprimen, y no como consecuencia de un pensamiento de época, sino con la corrupción que está tan naturalizada, que verdaderamente no se percibe como tal.

La corrupción y el materialismo envueltos en el manto de la demagogia y de la ignorancia, acunado por las voces que gritan los derechos de los pueblos originarios y que azotan con improperios a todo prócer del pasado argentino, instalada en la cátedra mayor.

Ya no se ve la austeridad, ya no existen la humildad ni el sacrificio. Las cosas no se consiguen noblemente. La vanidad lo cubre todo. Es a diario. Es mediocre. Es desesperanzador.

Pero con cuánta eficiencia se manejan los objetos electrónicos que inventaron esos mismos gringos repelidos y denostados! (perdóneseme esta pequeña ironía que sólo intenta sintetizar un pensamiento).

Sé que todo esto pasará. He vivido lo suficiente como para saber que todo pasa. Sé que volverá el equilibrio. Pero tengamos este alerta, que aprendí de las hoy criticadas maestras normales, hasta ayer, madres de la Nación Argentina: si una enfermedad me inhabilita el brazo, soy conciente de que mi brazo está enfermo, hago rehabilitación y lo curo. Pero, si una enfermedad trastorna mi memoria, cómo podré recordar que necesito curarme?

María Rosa Meléndez

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MARÍA ROSA MELÉNDEZ

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