Archive for the ‘LITERATURA’ Category

Oración a San Martín

Padre de la Patria nuestro

Que estás en la proeza de los Andes

Santificado sea en Dios tu nombre

Por el designio de los hombres grandes.

 

Venga a nosotros luminosa y noble

La memoria total de tu ideario.

Tu voluntad que atravesó las cumbres

Hágase en el discurso y el trabajo.

 

Danos tu ejemplo para cada día,

La huella libre que marcó tu paso,

La dignidad serena del exilio,

El temple de tu brazo.

 

Que no nos deje Dios caer en manos

De los que no siguieron tu camino

Nos libre de su estirpe y de su gloria

Así sea. Tus hijos argentinos.

María Rosa Meléndez

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Noche

En mi cóncava sombra soy vacío,

Día claro y rotundo, conmovido

Por todas las estrellas que he traído

En mi falda calada de rocío.

Y en el alba te espero, muero y río,

Día de resplandores encendido.

Ya en mis violetas manos confundido

Déjate descansar, amigo mío,

 

Pues te estuve esperando largamente,

Agostada mi gélida simiente,

Vencido el sueño en mi cansada frente,

 

Perdido el beso en la penumbra incierta.

Y en el eterno ciclo echemos cuentas

Con el ábaco azul de las tormentas

MARÍA ROSA MELÉNDEZ

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Sentadita y morosa en la vereda

La vieja se despide de cuantos pasan.

Piensa “¿volveré a verte, tarde, despierta?”

Y se pone infinita su perruna mirada.

 

Las nietas le han rogado “Abuela,¡acuéstese!,

Duerma un rato la siesta que está cansada!”

“Ya dormiré bastante”, piensa, y se queda

En el sillón despierta y empecinada.

 

“Quién sabe si al dormirme, me quede quieta

Para siempre y el barrio tenga campanas…

Vendrán a mi velorio todos mis hijos,

Mis vecinos, comadres, en caravana.

 

Llevarán mi cuerpito por la avenida

Rogándole a la Virgen de la Esperanza.

Después me dejarán bajo los pinos

Y oculta entre los muertos, ya seré nada”.

 

Mandó plantar rosales en la vereda

Para ver los capullos mientras siesteaba.

Pero el invierno quiso secarlos todos

Por más agua y abono que les echara.

 

Se enojó con el tiempo (que no da flores)

Y con los transeúntes que saludara,

Con sus nietas cargosas, con sus vecinos

Y le pidió al silencio que la llevara.

 

María Rosa Meléndez

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Inmigrantes…

 

Un pequeño escritor de pueblo, ensoberbecido hasta la gordura por algunas publicaciones vernáculas que ha logrado después de mucho trajinar, envuelto en la ola que va a favor de la corriente, promociona sus sentimientos embozados en términos de ideas, en un diario provinciano de mucha salida. Leyéndolo, pienso: cuántas veces nuestro sistema límbico no nos permite razonar en bien de la verdad y cuántas veces, la demagogia y el populismo obnubilan mentes que pudieron realmente aportar sabiduría a su humanidad.

El bicentenario era el tema anunciado en el título de su artículo. Pero en la pulpa comenzaba a brotar el odio, un odio quién sabe amasado por cuanta frustración acumulada, resentimientos escondidos y ambiciones inconfesas. El hecho es que los que salíamos pagando éramos, (de rigor), los descendientes de inmigrantes, esos que llegaron “hambrientos, harapientos” y no recuerdo cuántas cosas más y que se enriquecieron con lo ajeno…Y así continúa pintando a los abuelos de usurpadores, seres despiadados, ladrones, etc., etc., en desmedro de los pobladores que él llama originarios, quienes eran seres puros, y en quienes residían todos los derechos, (nada dice de deberes)

Frente a este tipo de manifestaciones suelen acontecer dos actitudes: la de los porteños o los religiosos españoles que acosados por la culpa, otorgan toda la razón y se lo pasan realizando colectas y donaciones, o la de los gobiernos como el que nos tocó en suerte, que, con el fin de garantizar la gobernabilidad y perpetuarse hacen lo propio y fomentan, además, versiones históricas distorsionadas.

Yo, que me he pasado la vida, por elección, trabajando sin mayor recompensa que un salario indigno y mucha discriminación hacia mi color de piel (blanca) en lugares donde resignadamente y en silencio traté de edificar sin demagogias ni resentimientos ni odios, lugares mayormente del noroeste argentino, creo que me gané el derecho a alguna pequeña reflexión. Y quiero hacerla.

Quiero, en principio, hacer homenaje y reparación a mis abuelos, (los de todos los descendientes de inmigrantes) que dejando las márgenes del Mediterráneo, llegaron buscando la paz y derramaron con tanto amor, sus esfuerzos y sacrificios, con gratitud y con fe, sobre esta tierra que yacía abandonada. Y en el camino de la construcción, fueron aprendiendo a sentirse argentinos, nos enseñaron la historia, la geografía y los valores nacionales, nos exigieron honradez, austeridad y virtud. Pusieron a presidir el aula el retrato de San Martín y no el del gobernador que hace la vista gorda y enriquece a sus funcionarios. Y murieron en la humildad.

Quiero, por otra parte, repensar las ideas de Paolo Freire, ese inmenso educador que propuso la pedagogía del oprimido en aras de una sociedad basada en la libertad y el amor, cuando nos enseñaba el gran drama de nuestros pueblos. Explicaba que, el oprimido aprendía una forma de conducta y un sistema del cual no se sale sin un esfuerzo de la conciencia. Por lo tanto, en el esquema piramidal que podría representar una sociedad de opresores y oprimidos, el que se encuentra en la base, puja por ascender escalando hacia la cumbre de la pirámide, y cuando llega, repite las mismas conductas opresoras que aprendió de aquellos que lo oprimieron. Freire propone cambiar ese esquema y transformarlo en un círculo.

Efectivamente, uno ve por estos pagos, gracias al otrora magnífico Estado de Bienestar, que la gente que sufría pobreza, ha progresado infinitamente. Los que vivían en ranchos habitan confortables casas; los que trabajaban como hacheros y peones son dueños de grandes extensiones de campos fiscales; los que andaban en zorras manejan camionetas de doble cabina. ¡Qué bien! ¡Qué bien! Justicia. Justicia. Pero ahora son ellos los que oprimen, y no como consecuencia de un pensamiento de época, sino con la corrupción que está tan naturalizada, que verdaderamente no se percibe como tal.

La corrupción y el materialismo envueltos en el manto de la demagogia y de la ignorancia, acunado por las voces que gritan los derechos de los pueblos originarios y que azotan con improperios a todo prócer del pasado argentino, instalada en la cátedra mayor.

Ya no se ve la austeridad, ya no existen la humildad ni el sacrificio. Las cosas no se consiguen noblemente. La vanidad lo cubre todo. Es a diario. Es mediocre. Es desesperanzador.

Pero con cuánta eficiencia se manejan los objetos electrónicos que inventaron esos mismos gringos repelidos y denostados! (perdóneseme esta pequeña ironía que sólo intenta sintetizar un pensamiento).

Sé que todo esto pasará. He vivido lo suficiente como para saber que todo pasa. Sé que volverá el equilibrio. Pero tengamos este alerta, que aprendí de las hoy criticadas maestras normales, hasta ayer, madres de la Nación Argentina: si una enfermedad me inhabilita el brazo, soy conciente de que mi brazo está enfermo, hago rehabilitación y lo curo. Pero, si una enfermedad trastorna mi memoria, cómo podré recordar que necesito curarme?

María Rosa Meléndez

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MARÍA ROSA MELÉNDEZ

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