El niño soberbio

Me escuchas, no sé si con impaciencia

Pero acaso con desgano.

Mis palabras ni llegan a rozar el borde

De tu corteza cerebral.

Me escuchas

Sin embargo.

Una voz que llega de lejos,

De otra geografía,

De otros mundos.

Te parece simple, no obstante.

Sin haber convivido con mis palabras

Elucubras una respuesta

Desde tus lecturas

(que vida poca has tenido)

Y así,

Con altivez autoritaria

En la suavidad de tu voz

Respondes sentencioso

Algo que crees es una respuesta,

A una pregunta que no te he hecho.

 

Juegas demasiado al sabio,

Niño,

Y te pierdes algunas lecciones

De la vida.

 

Esa diligencia que pones

En las banalidades que te parecen importantes

Te resta el placer de la hondura.

Lee menos, amigo formal,

Y comienza a escucharme.

Citas de preciosos días

Traigo en el equipaje,

Luces que ni sueñas,

Albores que te harán descubrir las estaciones.

Olvida el traje que te pusieron

Para dirigir el tránsito de los pensamientos

Y siéntate a la orilla de algún sueño.

Desde allí,

Dialoguemos.

Aquella tarde

Aquella tarde no tardé en comprender

Que esa mujer

Despidiéndose en el río

Era yo misma

Mirándome por los túneles del tiempo.

La mirada del ser

Disuelta en la ceniza de antiguas columnas-

Disgregada entre los despojos de una construcción humana,

Agonizante en los últimos pasos de una Historia

Ebria y zigzagueante,

Envuelta en la niebla de su propia veladura

Como una tonta conocida

Abandonada en algún andén

Hacia la nada dirigida.

 

El mundo está vacío.

Entre tanto, las estrellas danzan

Magníficas coreografías

Y las flores agitan su esplendor.

Cómo es permitido todo esto…

Cómo pueden pintarse las paredes

Con estúpidas leyendas

Y destruirse bosques

Para generar ignorancia…

 

Cómo puede la necedad

Estar a cargo de nuestros destinos…

 

Dejemos que la tarde de lluvia

Nos acaricie con el olvido.

Agonía

 

 

Como va y viene una pluma por el mundo

Inmersa en los avatares del otoño

Así mi fe navega entre los eventos.

 

Agonía

 

 

Como va y viene una pluma por el mundo

Inmersa en los avatares del otoño

Así mi fe navega entre los eventos.

 

Qué buen hablante, qué preciso  lingüista

No tiene en galerías sus ojos por Gustavo

Adolfo Bécquer, puro de construcción castiza

Y clara como el agua que brota de su mano,

De donde crecen flores pequeñas y paisajes

De medievales muros y sombras olvidados,

Ideas son del mundo traídas a estos sueños

Que nos parecen ciertos y nos engañan, claros.

Qué poeta no ha visto desnudo su adjetivo

Entre la rima suave de un verso de Gustavo.

 

Y allá, en los años graves,

Cuando todo lo sabes,

Y llegan por el tiempo

Las azulosas naves

Del  páramo y del nunca,

Mientras la lluvia cae

El libro que acompaña

La ancha noche de tu hado

Es el que trae en sueños

Los versos de Machado.

 

Miras con displicencia

A aquel que te aconseja,

Sonríes y perdonas.

Y miras las estrellas.

Sus versos pronunciando

Te vas por los caminos

 

El corazón liviano

Dejado de las cosas,

La tristeza sin vino

 

Y la muerte sin rosas.

 

 

Maria Rosa Melendez

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Definición

Mi  vida, amigos, fue una calle con pinos

En la sombría tarde, al fondo de los cuentos,

Un patio como un pozo donde llegan palomas

A descansar de todos los vuelos.

No esperé, nunca tuve paciencia ni permiso,

Me di a andar por el sueño sin encontrar qué sueño

Y quise reparar lo que yacía herido

Y quise degustar un poco de buen vino

Y algo de primavera se cayó de mis manos

Y un toque de Verlaine en el otoño.

 Maria Rosa Melendez

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SIGLO

En las calles frías,

Cerrados portales.

Por los altos muros,

Silencio y alambres.

En algunos sitios,

Altares virtuales.

… Había refugios, había glicinas, había amistades…

Maria Rosa Melendez 

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El árbol herido

La helada le quemó la comisura

Y la tormenta le golpeó en la herida

Cayó de plano la mitad del árbol

Con sus ramas más finas.

Era un jacarandá, Joven y airoso

Que aún no florecía.

Sus verdes hojas nuevas con las brisas

De pocas primaveras se mecían.

Tomé del barro con que Dios hizo al hombre

Y embadurné su llaga.

Y el tronco gris vendado en su costado

Con los brazos abiertos quedó en zaga.

Sin nidos pues los pájaros huyeron

Postrado en el invierno

Entre el cielo y la tierra malherido

Quedó su corazón solo y abierto.

Sin consuelo la aurora lo lloraba

Con su débil rocío

Y al pasar las hormigas por sus ramas

Torcían el camino.

En el aire mecíase sin gracia

Pequeño y aterido

Cuando la tarde no se demoraba

En su cuerpo vencido-

Llegó el templado sol de primavera

Al pasar de los días,

Y en sus dos partes con rosada lumbre

El árbol florecía.

Violáceos ramos de encendidas flores

Surgieron de su espera

Para el celeste cielo conmovido

Y la bruñida tierra.

Maria Rosa Melendez 

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Cómo decirte que no descubriste

Ni la lluvia ni el diamante.

Que no paseaste conmigo debajo de un paraguas

Por las tristes calles de allá quien sabe dónde,

Que no corriste por el tren

Con un pimpollo marchitándose.

 

No estuviste entre los campos y las palabras

Ni bebiste el elixir de mis bares,

No combatiste por la libertad

Ni lloraste de amor.

 

Sin embargo, te sientas y decides.

 

Como hacerte ver las tardes tristes

Del andén

Y los soles derramados entre las frondas

Si no eres más que un libro gris

Escribiéndose su propia historia,

Un desteñido paisaje de pixeles,

Bravucón informático, ramo de cables,

Cómo abrumarte con el perfume de los lirios morados

Si te cansan los mensajes de texto,

Cómo invitarte a caminar por la costanera de las emociones,

Sin naufragios ni playas.

 

No obstante, levantas la mano

Y mil niños con errores ortográficos

Inundan tus frágiles banderas sin vientos.

 

Qué dioses te mudarán las ropas,

Te pintarán las arrugas de tu rostro invisible.

Ayúdame a comprender esa sonrisa tonta

Que se desliza entre la sombra de inútil  broma.

Espérame en el final de mis experiencias

Con tus desabridas noches virtuales,

Y cuéntame el secreto de tu poder.

 

Yo podría contarte cómo junté los ladrillos

De mi existencia

Para armar mis sueños siderales.

Cómo decirte que no eres más

Que el manubrio de una vieja bicicleta

Disfrazada de ovni.

Atiende a los pegasos.

Todavía vuelan embriagados de altos abismos

En el corazón de la vida.

Puedes perder mis recuerdos

Pero no sobrevivas sin el aliento del fuego.

No congeles los ángeles

De los que se sientan a escuchar tus sentencias.

No te sigas creyendo el mensajero

Porque ninguno de nosotros

Te entregó una carta.

La Señora del Carballo

La Señora del Carballo

Esa mañana, cuando pregunté a los niños quién iría a la procesión, una de ellos, de quince años tal vez, me respondió: “Yo. Voy a acompañar a la Virgen porque mi bisabuelo fue el que la encontró”.

Me pregunté qué relación tenían entre sí estas viejas historias rurales, de crucifijos y estatuas encontradas en los huecos de los árboles o el vientre erosionado de las rocas con los relatos bíblicos que los misioneros habían desperdigado por sus caminos desde tiempos inmemoriales, me pregunté si éste era el derrotero que soñaron para sus predicaciones. También me interrogué acerca de cómo habrían aparecido después de ser talladas, si por la casualidad o por la trampa y, en todo caso, cuál sería el fenómeno psicológico o social de atribuirles ese milagro totémico.  ¿Acaso es la Iglesia Católica quien promueve estos hechos, o por el contrario, con el corazón contrito, los acompaña procurando iluminarlos? ¿Los estimula o crecen como el yuyo en jardín primaveral de la Teología? Esta última palabra me llevó a pensar en mis lecturas del Dante, en el alto y dificultoso símbolo de Beatrice. Y entonces concluí: “habrá que atravesar el Infierno .

Recordaba Lourdes, aquella réplica impecable que los Asuncionistas lograron en Santos Lugares para el recogimiento y la esperanza de multitud de enfermos. También yo iba de la mano de mi madre a mirar los ojos de una estatua una vez al año. Llevaba grabado en mi corazón el dogma de la Inmaculada Concepción y hubiera dado mi corta vida por defenderlo. Eran épocas difíciles de la Fe. Acaso como éstas. Estos fieles ¿sienten el apasionado calor de los soldados de Cristo? ¿Qué verdad mística expresa esta imagen? Es una carita oscura con un vestidito blanco de seda. ¿Querrá expresar que Dios es Padre de todos por igual en el rostro casi indígena de la madre de Dios? ¿O habrá una localización tribalista en el trasfondo de este sentimiento? De una u otra manera, ¿por qué todos necesitamos matizar a la madre de Dios con los colores de nuestras propias emociones? Renacentista o indígena, oriental o gaucha, tan multifacética, siempre reflejando un solo costado, una sola arista…pero.. . del reflejo del Sol o de nuestra mirada humana…?

¡Ay, Beatrice! ¡Qué difícil!…

La imagen había logrado ser arrebatada del seno de la familia “elegida” y transportada a una pequeña capilla, de líneas clásicas, que resaltaba como un pequeño diamante en el desierto infinito. Pero el paganismo ya estaba instalado. El celo de Monseñor aún no estuvo conforme: a costas de recibir de golpes e insultos, su párroco la trasladó a la entrada del pueblo. En realidad, sólo pudo hacerla llegar hasta allí, aunque debiera haber sido coronada en la Parroquia. Por otra parte, si bien se mira, desde la ruta –el progreso- éste sería el trasero, pues, además, quedó a una cuadra del cementerio, que es como el patio trasero, y en la que otrora fuera la capillita para despedir a los muertos. Se llamaba, por supuesto, La Piedad. Y en su altar ostentaba una impecable fotografía de la gloriosísima obra de Miguel Ángel. (Los legados de la Humanidad, no se reemplazan, por estos tiempos, por tesoros de alto valor artístico. Pareciera que el espiral de la Historia ya no puede ascender…¿ Habremos pasado ya la cumbre de los tiempos? ¿Sólo nos queda bajar, retroceder? Las reivindicaciones sociales nunca más tendrán la magnitud de un Delacroix, un Goya?)

Del triste rostro terroso de la capilla salió la Virgencita portada en andas, en su cajita de vidrio. Una música reiterativa y pegadiza la escoltaba en el aire, una niña desafinaba un violín por delante y, por detrás, el gentío comenzaba a caminar.

Al llegar a la esquina sentí un olor que me produjo náuseas. Levanté la vista. Unos jinetes haciendo caracolear a sus caballos a latigazos, se aprestaban a  presidir la procesión. Efectivamente, el largo recorrido que duró cuatro horas, fue alfombrando el paso de la Virgen con bosta recienregada e hiriendo penitencialmente mis sentidos y mi corazón.

Una jaulita de ganado tirada por un tractor transportaba el equipo de sonido a pocos metros de la imagen. Detrás, un par de religiosas harían oír las oraciones que nadie en la multitud repetiría. El cuadro no podía ser más desolador.

En una de las primeras esquinas se detuvo la marcha. Era una escuela. Allí unos niños dedicaron  una danza. En ellos podía avizorarse toda la hibridez de las zonas de frontera, especialmente, la vestimenta y algunos gestos, entre lo chaqueño y lo salteño. Pero  estaba muy lejos de la hidalguía señorial del gaucho de Gûemes y del fluido ritmo litoraleño, sin embargo, había tanto orgullo en los bailarines como si se tratara de una tradición ancestral.

Así, la procesión, en adelante, se detendría en todas las escuelas. Parecía, incluso, que el recorrido por todos los barrios había sido diagramado tomándolas como puntos de referencia.

La historia argentina, pensé, a pesar de lo que parece, es una grave historia de desencuentros con la Iglesia. Tanto la Iglesia como los caudillos han volcado sus afanes al pueblo. Y en él se encontrado. Es cierto que los curas gauchos asistieron con sus vidas a las guerras de Independencia, pero también es cierto que la Iglesia se vio muchas veces mezclada con los intereses territoriales y las masacres de extranjeros (tan bien calladas hoy día por la versión de la Historia la page), con Rosas y otros dictadores. El antiguo progresismo, en cambio, el liberalismo romántico siempre bregó por un estado laicista y en las épocas del Normalismo, los maestros, que fueron el brazo más eficiente de la Nación, no simpatizaban con Ella. Hasta que, con Perón, se dio vuelta la tortilla. Desde aquella terriblemente célebre procesión de Corpus, los movimientos populares rompieron sus lazos con la Iglesia, en cambio, los sectores conservadores se aliaron, no digo con el clero común, sino con la cúpula eclesial. Lo que me parece más increíble de toda esta historia, es que ni unos ni otros lo tuvieron claro. Cuando todo está oscuro es cuando podemos ver mejor la única luz de la llamita encendida.

Y hablando de llamitas, de pronto, una mujer me detuvo para prender en mi camisa una estampita; su pequeña hija llevaba en la espalda un cartel de tela en el que se leía impreso con grandes letras negras. “Gracias por tus favores”. Imaginé que era un tema de salud. En rigor de verdad, nunca sabremos qué es lo que cura a la gente, si la bioenergía, la kábala, la homeopatía, la medicina alopática o las flores de Bach…lo único que sé es que detrás de todo está Dios, ese Dios tan imposible de comprender como imposible es meter el mar en un hoyo de arena. San Agustín sonríe en mi oportuno pensamiento (¡Ay, Beatrice!)

Todo el camino, por lo demás, fue de agobiante calor y ráfagas de viento que levantaban remolinos de tierra; la gente incontable que iba sumándose; las reflexiones y oraciones que nadie oía; la pegadiza canción y las tímidas vivas a la Virgen; los aplausos tibios promovidos por la guía; los barrios que se sucedían a nuestro paso: los caseríos pobres y desnaturalizados y los barrios hechos por el gobierno para los pobres pero habitados por los más ricos y sus antojadizos frentes compitiendo en ostentación y mal gusto. Pobres y usurpadores en los portales. Algunos ofreciendo el agua contaminada que todos bebemos a diario; otros, aprovechando a vender bebidas y hacerse la semana. Carteles de gratitud y alabanza y algún lapsus como “Virgen, bendice a mi familia”, con ese pronombre posesivo  que nos calza tan bien a los pequeñoburgueses; quien, tomando fotos con cámara digital o filmando; quien, disfrutando del espectáculo que rompía la rutina diaria como un festival folklórico o un acto patrio en la plaza.

A mitad de camino, se oyó una voz militarizada exigiendo a la gente que se encolumnara detrás de la imagen. “¡La Virgen tiene que llevar la delantera!” gritó. Pero a pesar de la insistencia el pueblo rodeaba a la imagen como queriendo abrazar a su fetiche de la suerte con ignorante ternura y devoción.

Más adelante, el viejo cartero, ya jubilado, acaso vencido por la deshidratación, cayó y se desparramó sin remedio en medio de la calle de tierra. Inmediatamente, se solicitó la ambulancia que no tardó en aparecer. La procesión se detuvo. Los enfermeros trataron de alzar al desmayado pero su peso era superior a toda fuerza humana. Entonces se dio la voz de continuar y quedaron asistiéndolo en el piso. “Ya está atendido nuestro amigo” dijo la guía. Y el episodio se olvidó. Pero a mí me pareció ver, aunque no estoy segura, el manto de Beatrice. La peregrinación, el esfuerzo infinito, un símbolo. Y tal vez, era esa lejana posibilidad lo que le daba sentido a todo: a la indiferencia por la oración, a la Virgen convertida en fetiche, a las casas robadas y sus devotos ladrones, a la sed calmada a cambio de monedas, a la bosta que ensuciaba el aire y los zapatos, a los cientos de mercachifles que esperaban con su basura, en la calleja que conducía al santuario, a la mentira de “encontré una imagen en un árbol,¡ups!”. Sí. El eterno símbolo de la peregrinación desde las romerías medievales, que vive ahogado en el alma del Hombre, de todo hombre, del ignorante y del instruido, del necio y del sabio, del cínico y del humilde y, que lo convierte a pesar de Heidegger, en un ser para la eternidad.

Al llegar, los sacerdotes revestidos, nos esperaban para celebrar la misa. En otras épocas era una buena oportunidad para divulgar la verdadera doctrina. En esta ocasión, la predicación orilló la demagogia. ¡Cuánto temor!

Al retirarme, una mujer se acercó cariñosamente hacia mí para regalarme una estampa de San Cayetano. No la acepté. Ella me miró entre perpleja y disgustada, como si sólo el diablo pudiera rechazar semejante presente.

La Señora del Carballo

La Señora del Carballo

Esa mañana, cuando pregunté a los niños quién iría a la procesión, una de ellos, de quince años tal vez, me respondió: “Yo. Voy a acompañar a la Virgen porque mi bisabuelo fue el que la encontró”.

Me pregunté qué relación tenían entre sí estas viejas historias rurales, de crucifijos y estatuas encontradas en los huecos de los árboles o el vientre erosionado de las rocas con los relatos bíblicos que los misioneros habían desperdigado por sus caminos desde tiempos inmemoriales, me pregunté si éste era el derrotero que soñaron para sus predicaciones. También me interrogué acerca de cómo habrían aparecido después de ser talladas, si por la casualidad o por la trampa y, en todo caso, cuál sería el fenómeno psicológico o social de atribuirles ese milagro totémico.  ¿Acaso es la Iglesia Católica quien promueve estos hechos, o por el contrario, con el corazón contrito, los acompaña procurando iluminarlos? ¿Los estimula o crecen como el yuyo en jardín primaveral de la Teología? Esta última palabra me llevó a pensar en mis lecturas del Dante, en el alto y dificultoso símbolo de Beatrice. Y entonces concluí: “habrá que atravesar el Infierno .

Recordaba Lourdes, aquella réplica impecable que los Asuncionistas lograron en Santos Lugares para el recogimiento y la esperanza de multitud de enfermos. También yo iba de la mano de mi madre a mirar los ojos de una estatua una vez al año. Llevaba grabado en mi corazón el dogma de la Inmaculada Concepción y hubiera dado mi corta vida por defenderlo. Eran épocas difíciles de la Fe. Acaso como éstas. Estos fieles ¿sienten el apasionado calor de los soldados de Cristo? ¿Qué verdad mística expresa esta imagen? Es una carita oscura con un vestidito blanco de seda. ¿Querrá expresar que Dios es Padre de todos por igual en el rostro casi indígena de la madre de Dios? ¿O habrá una localización tribalista en el trasfondo de este sentimiento? De una u otra manera, ¿por qué todos necesitamos matizar a la madre de Dios con los colores de nuestras propias emociones? Renacentista o indígena, oriental o gaucha, tan multifacética, siempre reflejando un solo costado, una sola arista…pero.. . del reflejo del Sol o de nuestra mirada humana…?

¡Ay, Beatrice! ¡Qué difícil!…

La imagen había logrado ser arrebatada del seno de la familia “elegida” y transportada a una pequeña capilla, de líneas clásicas, que resaltaba como un pequeño diamante en el desierto infinito. Pero el paganismo ya estaba instalado. El celo de Monseñor aún no estuvo conforme: a costas de recibir de golpes e insultos, su párroco la trasladó a la entrada del pueblo. En realidad, sólo pudo hacerla llegar hasta allí, aunque debiera haber sido coronada en la Parroquia. Por otra parte, si bien se mira, desde la ruta –el progreso- éste sería el trasero, pues, además, quedó a una cuadra del cementerio, que es como el patio trasero, y en la que otrora fuera la capillita para despedir a los muertos. Se llamaba, por supuesto, La Piedad. Y en su altar ostentaba una impecable fotografía de la gloriosísima obra de Miguel Ángel. (Los legados de la Humanidad, no se reemplazan, por estos tiempos, por tesoros de alto valor artístico. Pareciera que el espiral de la Historia ya no puede ascender…¿ Habremos pasado ya la cumbre de los tiempos? ¿Sólo nos queda bajar, retroceder? Las reivindicaciones sociales nunca más tendrán la magnitud de un Delacroix, un Goya?)

Del triste rostro terroso de la capilla salió la Virgencita portada en andas, en su cajita de vidrio. Una música reiterativa y pegadiza la escoltaba en el aire, una niña desafinaba un violín por delante y, por detrás, el gentío comenzaba a caminar.

Al llegar a la esquina sentí un olor que me produjo náuseas. Levanté la vista. Unos jinetes haciendo caracolear a sus caballos a latigazos, se aprestaban a  presidir la procesión. Efectivamente, el largo recorrido que duró cuatro horas, fue alfombrando el paso de la Virgen con bosta recienregada e hiriendo penitencialmente mis sentidos y mi corazón.

Una jaulita de ganado tirada por un tractor transportaba el equipo de sonido a pocos metros de la imagen. Detrás, un par de religiosas harían oír las oraciones que nadie en la multitud repetiría. El cuadro no podía ser más desolador.

En una de las primeras esquinas se detuvo la marcha. Era una escuela. Allí unos niños dedicaron  una danza. En ellos podía avizorarse toda la hibridez de las zonas de frontera, especialmente, la vestimenta y algunos gestos, entre lo chaqueño y lo salteño. Pero  estaba muy lejos de la hidalguía señorial del gaucho de Gûemes y del fluido ritmo litoraleño, sin embargo, había tanto orgullo en los bailarines como si se tratara de una tradición ancestral.

Así, la procesión, en adelante, se detendría en todas las escuelas. Parecía, incluso, que el recorrido por todos los barrios había sido diagramado tomándolas como puntos de referencia.

La historia argentina, pensé, a pesar de lo que parece, es una grave historia de desencuentros con la Iglesia. Tanto la Iglesia como los caudillos han volcado sus afanes al pueblo. Y en él se encontrado. Es cierto que los curas gauchos asistieron con sus vidas a las guerras de Independencia, pero también es cierto que la Iglesia se vio muchas veces mezclada con los intereses territoriales y las masacres de extranjeros (tan bien calladas hoy día por la versión de la Historia la page), con Rosas y otros dictadores. El antiguo progresismo, en cambio, el liberalismo romántico siempre bregó por un estado laicista y en las épocas del Normalismo, los maestros, que fueron el brazo más eficiente de la Nación, no simpatizaban con Ella. Hasta que, con Perón, se dio vuelta la tortilla. Desde aquella terriblemente célebre procesión de Corpus, los movimientos populares rompieron sus lazos con la Iglesia, en cambio, los sectores conservadores se aliaron, no digo con el clero común, sino con la cúpula eclesial. Lo que me parece más increíble de toda esta historia, es que ni unos ni otros lo tuvieron claro. Cuando todo está oscuro es cuando podemos ver mejor la única luz de la llamita encendida.

Y hablando de llamitas, de pronto, una mujer me detuvo para prender en mi camisa una estampita; su pequeña hija llevaba en la espalda un cartel de tela en el que se leía impreso con grandes letras negras. “Gracias por tus favores”. Imaginé que era un tema de salud. En rigor de verdad, nunca sabremos qué es lo que cura a la gente, si la bioenergía, la kábala, la homeopatía, la medicina alopática o las flores de Bach…lo único que sé es que detrás de todo está Dios, ese Dios tan imposible de comprender como imposible es meter el mar en un hoyo de arena. San Agustín sonríe en mi oportuno pensamiento (¡Ay, Beatrice!)

Todo el camino, por lo demás, fue de agobiante calor y ráfagas de viento que levantaban remolinos de tierra; la gente incontable que iba sumándose; las reflexiones y oraciones que nadie oía; la pegadiza canción y las tímidas vivas a la Virgen; los aplausos tibios promovidos por la guía; los barrios que se sucedían a nuestro paso: los caseríos pobres y desnaturalizados y los barrios hechos por el gobierno para los pobres pero habitados por los más ricos y sus antojadizos frentes compitiendo en ostentación y mal gusto. Pobres y usurpadores en los portales. Algunos ofreciendo el agua contaminada que todos bebemos a diario; otros, aprovechando a vender bebidas y hacerse la semana. Carteles de gratitud y alabanza y algún lapsus como “Virgen, bendice a mi familia”, con ese pronombre posesivo  que nos calza tan bien a los pequeñoburgueses; quien, tomando fotos con cámara digital o filmando; quien, disfrutando del espectáculo que rompía la rutina diaria como un festival folklórico o un acto patrio en la plaza.

A mitad de camino, se oyó una voz militarizada exigiendo a la gente que se encolumnara detrás de la imagen. “¡La Virgen tiene que llevar la delantera!” gritó. Pero a pesar de la insistencia el pueblo rodeaba a la imagen como queriendo abrazar a su fetiche de la suerte con ignorante ternura y devoción.

Más adelante, el viejo cartero, ya jubilado, acaso vencido por la deshidratación, cayó y se desparramó sin remedio en medio de la calle de tierra. Inmediatamente, se solicitó la ambulancia que no tardó en aparecer. La procesión se detuvo. Los enfermeros trataron de alzar al desmayado pero su peso era superior a toda fuerza humana. Entonces se dio la voz de continuar y quedaron asistiéndolo en el piso. “Ya está atendido nuestro amigo” dijo la guía. Y el episodio se olvidó. Pero a mí me pareció ver, aunque no estoy segura, el manto de Beatrice. La peregrinación, el esfuerzo infinito, un símbolo. Y tal vez, era esa lejana posibilidad lo que le daba sentido a todo: a la indiferencia por la oración, a la Virgen convertida en fetiche, a las casas robadas y sus devotos ladrones, a la sed calmada a cambio de monedas, a la bosta que ensuciaba el aire y los zapatos, a los cientos de mercachifles que esperaban con su basura, en la calleja que conducía al santuario, a la mentira de “encontré una imagen en un árbol,¡ups!”. Sí. El eterno símbolo de la peregrinación desde las romerías medievales, que vive ahogado en el alma del Hombre, de todo hombre, del ignorante y del instruido, del necio y del sabio, del cínico y del humilde y, que lo convierte a pesar de Heidegger, en un ser para la eternidad.

Al llegar, los sacerdotes revestidos, nos esperaban para celebrar la misa. En otras épocas era una buena oportunidad para divulgar la verdadera doctrina. En esta ocasión, la predicación orilló la demagogia. ¡Cuánto temor!

Al retirarme, una mujer se acercó cariñosamente hacia mí para regalarme una estampa de San Cayetano. No la acepté. Ella me miró entre perpleja y disgustada, como si sólo el diablo pudiera rechazar semejante presente.

Ronda de Mayo

 

En la mañana  de mayo

Dos señoras se encontraron.

Una soñaba el futuro.

Otra soñaba el pasado

 

–          Hola, señora de Mayo

Toda vestida de historia.

¿Qué se siente esta mañana

Entre el otoño y la gloria?

 

–          Siento el corazón de acero

Para avivar en la Plaza

Y el miriñaque apretado

Porque la emoción rebaza.

 

–          ¿Y sabe usted, ciertamente,

Que es lo que pasa, señora?

–          Eso estamos preguntado

Mulatos, dones y doñas.

 

Sin embargo sospechamos,

Por lo que fue la semana,

Que esta vez será muy noble

La decisión esperada

 

Porque allí adentro se encuentran

Moreno, el jurisconsulto

Y Belgrano, otro abogado

Que entienden de estos asuntos.

 

Alberti, que es orador

Y Paso, buen comerciante,

Como Larrea y Beruti,

Caballeros de los de antes.

 

Saavedra, el gran militar:

Reunidos todos están

Y ya nos van avisando

Que una junta formarán

 

Y será el gobierno patrio

Donde nazca la Argentina

Como un nido de esperanzas

Y de provincias unidas.

 

–          ¿Y que espera usted que ocurra?

Si se puede preguntar,

Cuando pasen muchos años

Y nuestra Patria eche a andar?

 

Espero que nuestros sueños

Siempre los sepan guardar,

Porque será duramente

Peleada la libertad.

 

Y la libertad solita

No tiene nada que hacer

Si no le ponemos alas

Para pensar y crecer.

 

–          Es cosa fácil señora

evocar nuestro pasado

–          Segura estoy que el futuro

Tendrá discurso y feriado .

 

Democracia y tres poderes

Y  leyes que respetar

Con honestos  ciudadanos

Que gusten de trabajar,

 

Sinceros representantes

De la clase popular

Y educadores centrados

Que la quieran educar.

 

–          Señora,  qué bien que suena

Su esperanza y su decir

Tal vez encontremos eso

En la Patria por venir…

 

Pero si no lo encontraran

Por egoísmo o ruindad

¡Qué pena me da esta plaza

Y su hambre de libertad!

 

En la mañana  de mayo

Dos señoras se encontraron.

Una soñaba el futuro.

Otra soñaba el pasado.


No soy aquí.
Soy la casa en la calle de tierra
la ventana al sur
con su luna profusa entre desvelos
y la florida glicina cayendo
sobre una mesa con gatos y cuadernos.

No soy ahora.
Soy calcinantes veranos
de paso sigiloso por las piedras
de los días migratorios
entre caliza tristeza.

No soy aquí.
Soy eucaliptos y trigales
viejo muro de iglesia
jardín de salsivieras tesoneras
soy aljibe con ecos de tormentas.

No soy ahora.
Soy niños de cambiantes ilusiones
frías mañanas como azules lobas
que aúyan en las horas de la gracia y la pena.

No soy aquí.
Soy la escalera de caracol
el olor a frascos con brotadas batatas.
Un baño convertido en sala de torturas.

No soy ahora.
Soy esas horas del dolor y la tortura
que me regaló Juana, la abuela desalmada,
negro derrumbe de la infancia con frutillas
en aquel piso de la calle Uriburu.

No soy aquí.
Soy medievales abadías y castillos con heraldos
donde labran acero
ocultas bibliotecas en silencio
perdidos puentes entre densos bosques.

No soy ahora.
Soy tiempos con juglares
enamorados de la cuadernavía
y barbudos cruzados que cabalgan
por los verdosos campos del todavía.

 

Maria Rosa Melendez

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Grecia

Cada ave que surca el cielo

Cada pequeño pez de los océanos

Y los insectos y las grandes bestias

Cada tímida flor

Cada semilla

Y el músculo y el nervio de los hombres

Y las altas estrellas…

Todo lo comprendiste y compendiaste

Y le diste su nombre y su elocuencia.

De tus días de fiesta

Nació la música y el verso abrióse

Como una rosa eterna

Y en los caminos

Ciegos caminantes

Soñaron epopeyas…

Nos explicaste el mundo

Más que el mundo

La causa

La íntima trama del amor y el odio

La máscara y el ser

Y su tragedia…

Deja que caiga la lluvia

Madre

Sobre tus volcanes

Y tus mares azules

Sobre tus recuerdos de piedra

Preñada de pensamientos

Deja que caiga la lluvia

Y lave tu sabio corazón

Y tus bucles de mármol…

Toma nuestro sereno abrazo

Madre nuestra

Bendeciremos con manzanas de oro

La pena que te aqueja…

De ti partimos y a ti volveremos

Después de recorrer el mundo que nos diste

Y nos arrancaremos los ojos

Por no ver tu herida

Divina madre Grecia.

Maria Rosa Melendez

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

GABRIEL

Avanza la luna
en la tarde húmeda
en el cielo del patio
fundador de sueños.
Las flores amarillas
del árbol de tu infancia
se han reunido en su seno.

Como un cuento olvidado
caminan las hormigas
sobre el altar del tiempo.
Y en las sombras azules
se dilatan mis ojos
buscando tus recuerdos…

Maria Rosa Melendez

GABRIEL

Avanza la luna
en la tarde húmeda
en el cielo del patio
fundador de sueños.
Las flores amarillas
del árbol de tu infancia
se han reunido en su seno.

Como un cuento olvidado
caminan las hormigas
sobre el altar del tiempo.
Y en las sombras azules
se dilatan mis ojos
buscando tus recuerdos…

Maria Rosa Melendez

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 6.100 veces en 2011. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 5 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

La casa

La casa
 
Redondeará su hostilidad el barrio
procurando secuestrar la luz de mis laberintos.
Silencios emergerán de ocultas conclusiones
Develadas al amparo de alguna cocina o algún patio
Y convertidas en ilustrada indiferencia
Pasarán por mi vereda ahuyentando gorriones.
Así transcurrirán veinte años.
O más.
Yo
Rodearé con mi cinta verdilúmina
Tu cintura ordinaria
Y sembraré tus anchos brazos
Para alcanzar la tarde con árboles y flores.
Me darás la gracia de una rama florecida
Y la risa de mis hijos en el agua
Y después
En el sillón hamaca
Sus sueños ebrios de oro.
Cobijarás el viaje de las palomas mensajeras
Y suavizarás los vientos y las sequías.
Tú envolverás mi vida
Distante
Y triste
Hasta que me parezca familiar el tiempo.

(de Construcciones) María Rosa Meléndez

Oda al tiempo

Oda al tiempo



Labrada por el aire

De la tarde

Vuela en dos alas

La pregunta

Es inestable, se detiene y regresa

Y salta sobre sí misma

Como un carbón en llamas

El dolor del tiempo

Nace entre neurasténicas flores

Se estremece con el llamado de la noche

Y es un abismo de sentidos arremolinados

Bajan a lo hondo de la experiencia

Y resucitan en mis mortales manos

Mientras ya desaparecen mis pertenencias

Y mis amigos.

Llegan inocentes y crueles

Los nuevos propietarios de la risa.

Ellos navegarán el mismo río.


(de Construcciones)María Rosa Meléndez


Angelus

Del rosa de la rosa nació el Ave

Que en el sereno espacio del ocaso

A la oración del Ángel abrió paso  

Y la gracia posó  con gesto suave.

 

En el gentil anuncio de la vida

Nunca más bella fuera la esperanza,

Nunca más detenida la templanza

Que en los labios clementes de María

 

Cuánto más claro el corazón lucía…

Pleno de luz y de silencio adora

Al Niño que en el seno se acomoda

 

Y en paciente ternura conmovida

Sabe de la dulzura de esta hora

Y la  hora futura de la herida.

 

María Rosa Meléndez

Angelus

Del rosa de la rosa nació el Ave

Que en el sereno espacio del ocaso

A la oración del Ángel abrió paso  

Y la gracia posó  con gesto suave.

 

En el gentil anuncio de la vida

Nunca más bella fuera la esperanza,

Nunca más detenida la templanza

Que en los labios clementes de María

 

Cuánto más claro el corazón lucía…

Pleno de luz y de silencio adora

Al Niño que en el seno se acomoda

 

Y en paciente ternura conmovida

Sabe de la dulzura de esta hora

Y la  hora futura de la herida.

 

María Rosa Meléndez

 27º Certamen Literario Nacional del Inmigrante

1er. PREMIO: POESIA

Romance de la Patria Niña

“. María Rosa Meléndez “

Otorgado por la  La Federación de Entidades de Bien Público de Berisso

Romance de la Patria Niña

Cuando llegó el abuelo
Era niña la Patria,
Sus campos asustados
Bajo el cielo soñaban
Aún con los espectros
De las lides pasadas…
Virreyes de alta alcurnia,
Colonos y mesnadas
Que sembraron desiertos
De caballos y vacas,
Que dejaron al paso
De su bota y su espada
La lengua fabulosa
Que nutre nuestra savia.
Aún se escuchaban ecos
De gloriosas hazañas
Del  parto doloroso
Que gestó en las quebradas
Los llanos y los montes
El mar y las montañas
La sangre de los héroes
Y el alba de una raza.
El abuelo ( y su guerra)
Con hambre y esperanza
Remangó la camisa
Y empezó la labranza.
En sus hombros crecieron
Los trigales, las zafras,
Los caminos y puentes,
Los talleres, las fábricas.
Y un sentimiento nuevo
De terruño y nostalgia.

Y era niña la patria…

Mi madre fue a la escuela
Con un par de alpargatas.
De blanco, la maestra,
Viejas rondas cantaba,
Y le contó la historia,
Y le habló de distancias,
Y en el patio, una enseña
De sol, celeste y blanca,
Premio y honor, los niños,
Izaban en el alba.
Mi madre aprendió el nombre
De todos los patriarcas,
Y se detuvo en Mayo,
Vestidita de dama
Sirviendo chocolate
En bandeja de plata,
Y recitando versos
Bajo el sol de la plaza.
El mito creó al tiempo
Y el tiempo la esperanza.

Y era niña la Patria…

En el sillón vetusto
Bajo la vieja parra
Por descansar, me siento,
Esta cansada espalda.
Abro el libro y aprendo,
La historia revisada,
Los nuevos paradigmas,
Las viejas añagazas,
Las opiniones frescas
Los discursos que estallan,
Los polémicos arcos,
Las flechas disparadas.
(Y el pueblo… adormecido
De la ruidosa trama).
Casi lloro, mas cedo,
Se reconforta mi alma:
Sólo doscientos años
Tiene mi niña Patria.

Y es tan niña la Patria…

 27º Certamen Literario Nacional del Inmigrante

1er. PREMIO: POESIA

Romance de la Patria Niña

“. María Rosa Meléndez “

Otorgado por la  La Federación de Entidades de Bien Público de Berisso

Romance de la Patria Niña

Cuando llegó el abuelo
Era niña la Patria,
Sus campos asustados
Bajo el cielo soñaban
Aún con los espectros
De las lides pasadas…
Virreyes de alta alcurnia,
Colonos y mesnadas
Que sembraron desiertos
De caballos y vacas,
Que dejaron al paso
De su bota y su espada
La lengua fabulosa
Que nutre nuestra savia.
Aún se escuchaban ecos
De gloriosas hazañas
Del  parto doloroso
Que gestó en las quebradas
Los llanos y los montes
El mar y las montañas
La sangre de los héroes
Y el alba de una raza.
El abuelo ( y su guerra)
Con hambre y esperanza
Remangó la camisa
Y empezó la labranza.
En sus hombros crecieron
Los trigales, las zafras,
Los caminos y puentes,
Los talleres, las fábricas.
Y un sentimiento nuevo
De terruño y nostalgia.

Y era niña la patria…

Mi madre fue a la escuela
Con un par de alpargatas.
De blanco, la maestra,
Viejas rondas cantaba,
Y le contó la historia,
Y le habló de distancias,
Y en el patio, una enseña
De sol, celeste y blanca,
Premio y honor, los niños,
Izaban en el alba.
Mi madre aprendió el nombre
De todos los patriarcas,
Y se detuvo en Mayo,
Vestidita de dama
Sirviendo chocolate
En bandeja de plata,
Y recitando versos
Bajo el sol de la plaza.
El mito creó al tiempo
Y el tiempo la esperanza.

Y era niña la Patria…

En el sillón vetusto
Bajo la vieja parra
Por descansar, me siento,
Esta cansada espalda.
Abro el libro y aprendo,
La historia revisada,
Los nuevos paradigmas,
Las viejas añagazas,
Las opiniones frescas
Los discursos que estallan,
Los polémicos arcos,
Las flechas disparadas.
(Y el pueblo… adormecido
De la ruidosa trama).
Casi lloro, mas cedo,
Se reconforta mi alma:
Sólo doscientos años
Tiene mi niña Patria.

Y es tan niña la Patria…

Cristina: fin y principio

Dentro de mil años, si es que existen el planeta y la humanidad tal cual los conocemos, es posible que se estudie en las lecciones de Historia que en las naciones como la Argentina convivían dos castas o clases dominantes: la de los militares y la de los políticos. Ambas se turnaban en el comando, si bien sometidas a pujas internas, por una razón elemental: los dictados de aquellos que mueven los hilos no tan invisibles del destino humano, en función de su propia supervivencia. Quiero decir, que a cada una de estas castas le toca el poder cuando puede ser respuesta al devenir propuesto por el verdadero Poder, en función de las reales políticas a seguir para mantener el difícil y necesario equilibrio de la conservación, en una tierra en la que se gastan ingentes cantidades de energía no renovable y la superpoblación fenomenal  choca con la falta de recursos laborales, único método conocido por el hombre hasta el siglo XX, para lograr su subsistencia y su progreso en base a su dignidad.

Esto, hasta el presente. Pero  veamos qué ocurre en los albores del siglo XXI. Las masas necesitadas, no sólo de techo y comida sino también de todo aquello que la producción industrial y tecnológica genera para sostener a las clases acomodadas en base a su comercialización, no encuentran, debido a su crecimiento poblacional y su falta de capacitación, modo de adquirir estos bienes. Falta el trabajo y los posibles aspirantes están muy lejos de poseer, mínimamente, los conocimientos necesarios para abordarlo. Inútil es que las escuelas públicas aumenten el número de años de asistencia obligatoria. Podrían hacerlo hasta el infinito. Un profesor de escuela pública, según lo aprendido a partir de sus programas, no cubre ni básicamente, los saberes que se necesitan tanto en tecnología, computación, idiomas o avance de cualquier ciencia aplicada. Los verdaderos “billgatitos” urbanos estudian en otros sitios y de otra manera. Ellos, los que dirigirán el mundo, son los pocos y ciertos depositarios del saber. No circulan por las redes convencionales. No miran la televisión, que quedó como alimento de masas, no leen lo que las mayorías leen, no se preparan ni piensan igual.

En tanto se hace necesario la gobernabilidad de estas masas crecientes de desocupados y caídos del sistema. Para esto se necesitan gobiernos que sustenten los llamados planes sociales, es decir, brindar un mínimo de contención en alimentos y en la ilusión de vivir con todo lo que la tecnología genera (lo cual, no olvidemos, sostiene la industria tecnológica y detrás de la que se asienta las clases acomodadas y sus billgatitos).

Proyectos como “el tren bala” fracasan porque son irrelevantes para sostener esta realidad. En cambio, “fútbol para todos” o “asignación universal por hijo”, son planes que sustentan la gobernabilidad. Y es necesario gobernar a estas masas. En realidad, todo plan, por generoso que sea supone un gran ahorro si pensamos cuánto se gastaría en verdaderos planes de educación y ordenamiento social y laboral.

El fenómeno de crecimiento de masas, que viene siendo anunciado por los especialistas y analistas simbólicos desde mediados del siglo pasado, es hoy una realidad. Gobiernos como los de Cristina, una respuesta. Es Cristina como podría ser Juanita, Pepito o Pedrito. Títeres de las corporaciones internacionales que determinan los rumbos a seguir.

Supo decir el Papa Juan Pablo II  que los delitos de ayer son las leyes de hoy. Aún estos cambios culturales vienen prefijados. ¿Se puede creer, por ventura, que la despenalización del aborto o el matrimonio gay son derechos adquiridos gracias a la lucha de sus protagonistas? Observemos cómo enemigos tales como el gobierno de Cristina y el holding de Clarín apuntan sus cañones al mismo objetivo –la Iglesia- si se trata de estos temas.  Es que responden a la misma consigna: disminuir el crecimiento poblacional. En esta misma línea corre también, me aventuro a deducir, la des erotización producida por la excesiva exposición pornográfica en los programas de televisión para masas.

De hecho, se puede aseverar, ahondando en las palabras de Juan Pablo II, que el trabajo ya no es considerado fuente de dignidad, es decir, procurarse el alimento se va volviendo una realidad tan hostil, que sólo puede ser sostenida por gobiernos populistas que lo brindan junto con el techo y una pseudoeducaciòn, de manera gratuita. Para sostener esta realidad sin malherir los sentimientos de las masas hay que hablar de “derechos”. Ahora bien, esos derechos no se fundamentan en ninguna teoría que proponga al hombre como un ser trascendental, dado que por la naturaleza de la dádiva, sería un contrasentido. Son derechos y nada más. Porque sí. Es la muerte de la Filosofía. La posesión de la tierra, por otra parte, también surge como un derecho nuevo, ya no como consecuencia del esfuerzo y del trabajo, como proponían los códigos del siglo pasado, cuando inmigrantes lograban a través de toda una vida de madrugones y lumbagos, adquirir una finca para el sustento de su familia. En cambio, los grandes latifundios que explotan el negocio del alimento a partir del monopolio de la venta de semillas son contrarrestados por discursos oficiales en defensa de los pueblos originarios .A estos pueblos originarios – en ocasiones nada originarios- se atribuye por derecho la posesión de las tierras fiscales para establecer su hábitat. (En realidad, todos somos originarios si se lo piensa). Nada se dice de su derecho al trabajo. Por cierto, no lo hay.

El inmigrante no es considerado una riqueza, a pesar de los discursos que se centran en la discriminación, sino una peste. Y¿ qué otra cosa puede ser en un mundo carente de recursos? Por esta razón es que también los gobiernos populistas toman sus banderas. Es decir, se trata de asumir el sostén de las masas ignorantes  y hambrientas para su control. Estos gobiernos, son,  para las corporaciones y sus ciudadanos de primera,  imprescindibles, y para las mayorías descastadas, una cuestión de supervivencia.

María Rosa Meléndez

En  este patio gris

 

 

En este patio gris de tu colegio

Algo que no importa, sube y baja

Cuando aún de tus sueños no despiertas

En las frías mañanas.

Se te pide silencio y compostura

Que estés de pie frente a su estampa

Que estés de pie y derecho frente a ella

Que le cantes canciones olvidadas.

 

 

En el ciber no está, no está en los juegos

Ni por la noche se iza en tu programa

La viste a veces en la camiseta

De Maradona y eso es todo, basta.

Que no te impongan por un paño en alto

Disciplinas azules ni reglas blancas.

 

 

Hoy sólo quieres terminar el acto

Irte libre a tu casa

Festejar que este día no hubo estudio

Y que acabó en la plaza

Hoy, que palabra tan bella te parece,

Sin ayer ni mañana.

 

 

Y sin embargo el tiempo es lo que existe

Es lo que pierdes cuando no lo ganas.

Es la historia que tus padres y abuelos

Labraron en la tierra americana

Con sus vidas a cuestas, por la tierra

Que por tus padres hoy se llama patria.

 

 

Que te legaron con la paz, tesoro

Que tu bandera guarda,

Que te contaron con la dulce lengua

Que a tu bandera cantas,

Que prometieron defender con bríos

Bandera soberana,

Que cobijaron sus colores mansos

El trabajo de toda la jornada

Que cubre bajo  el cielo despejado

Las convicciones  de la fe cristiana

Donde rezaron, la rodilla en tierra

Pidiendo tu mañana.

 

 

Bandera es símbolo, ella te representa.

Ella es espejo que tu vida alcanza.

En ella se resumen los anhelos, las luchas

Los caminos, las batallas,

El ser hermanos, el fraterno aliento

El calor del hogar, la puesta en marcha,

El horizonte de lo que queremos,

La fe de conseguir lo que nos falta,

El renovado grito libertario

Que nos da dignidad cuando no hay nada

Y solidaridad cuando hay un poco…

Es eso la bandera que levantas

En este patio gris de tu colegio

Cada mañana.

 

 

Cuando vuelvas a izarla nuevamente

Sobre el cielo del alba

Y no sepas dónde poner tus manos

Piensa en las cosas que su imagen guarda

Y cobija en silencio sus heridas

En esas manos jóvenes, sin manchas,

Para que en ti la patria de tus padres

Vuelva a hallar la esperanza.

María Rosa Meléndez

 

 

 

 

En este patio gris de tu colegio

Algo que no importa, sube y baja

Cuando aún de tus sueños no despiertas

En las frías mañanas.

Se te pide silencio y compostura

Que estés de pie frente a su estampa

Que estés de pie y derecho frente a ella

Que le cantes canciones olvidadas.

 

 

En el ciber no está, no está en los juegos

Ni por la noche se iza en tu programa

La viste a veces en la camiseta

De Maradona y eso es todo, basta.

Que no te impongan por un paño en alto

Disciplinas azules ni reglas blancas.

 

 Hoy sólo quieres terminar el acto

Irte libre a tu casa

Festejar que este día no hubo estudio

Y que acabó en la plaza

Hoy, que palabra tan bella te parece,

Sin ayer ni mañana.

 

 Y sin embargo el tiempo es lo que existe

Es lo que pierdes cuando no lo ganas.

Es la historia que tus padres y abuelos

Labraron en la tierra americana

Con sus vidas a cuestas, por la tierra

Que por tus padres hoy se llama patria.

 

 Que te legaron con la paz, tesoro

Que tu bandera guarda,

Que te contaron con la dulce lengua

Que a tu bandera cantas,

Que prometieron defender con bríos

Bandera soberana,

Que cobijaron sus colores mansos

El trabajo de toda la jornada

Que cubre bajo  el cielo despejado

Las convicciones  de la fe cristiana

Donde rezaron, la rodilla en tierra

Pidiendo tu mañana.

 

 Bandera es símbolo, ella te representa.

Ella es espejo que tu vida alcanza.

En ella se resumen los anhelos, las luchas

Los caminos, las batallas,

El ser hermanos, el fraterno aliento

El calor del hogar, la puesta en marcha,

El horizonte de lo que queremos,

La fe de conseguir lo que nos falta,

El renovado grito libertario

Que nos da dignidad cuando no hay nada

Y solidaridad cuando hay un poco…

Es eso la bandera que levantas

En este patio gris de tu colegio

Cada mañana.

 

 Cuando vuelvas a izarla nuevamente

Sobre el cielo del alba

Y no sepas dónde poner tus manos

Piensa en las cosas que su imagen guarda

Y cobija en silencio sus heridas

En esas manos jóvenes, sin manchas,

Para que en ti la patria de tus padres

Vuelva a hallar la esperanza.

 

María Rosa Meléndez

 25 de Mayo de 2.011

 

25 de Mayo. Bronce y lluvia.

Patria que germinaste en el otoño.

Te están buscando todavía los sueños

En las estatuas y en los escombros.

 

25 de Mayo de la infancia

En el manual que aprende la memoria:

“Saavedra  presidente, Secretario Moreno…”

Y el alma niña se encendía en gloria…

 

Te están amando todavía

el encendido fuego y el milagro,

La triste y sabia sombra que la vida

Pasa para velar los desengaños.

 

25 de Mayo y pergaminos

Ocres… revueltas y proclamas.

Chocolate y Te Deum y granaderos

Y el Acto de la Plaza.

 

Todavía te esperan los jazmines

Que no quiere laureles esta historia,

Porque Mayo y sus hombres le enseñaron

Qué triste puede ser la demagogia.

 

25 de Mayo y en el cielo

El sol dorado de vibrantes rayos.

Los niños que recitan nuestros versos

Y siguen nuestros pasos

 

Esperan todavía el patriotismo

Callado del trabajo,

La música divina de la fábrica

El místico mugido de los campos.

 

El colosal esfuerzo del estudio,

El austero perfil  del gobernante,

25 de mayo. Bronce y lluvia

¿Cuándo será como antes?

 

María Rosa Meléndez

Quiere que le diga? El mejor albañil de Monte Quemado es don Julio Abet. Y el más paciente, mire. Se pasó en el patio del colegio todo el ardiente enero y sus colosales lluvias esperando que alguien le dijera qué era lo que tenía que hacer. Y así, recién en febrero, apareció el amigo que me ayudó a explicarme, como si hubiera leído mi mente (lo cual es muy difícil de por sí), y le dijo, trazando con un cascote de ladrillo, una enorme parábola en la pared:”  Mire, don Julio, esto es lo que quieren hacer acá. Así”. De esta manera, ambos empezaron a convocar a las piedras, una por una, sobre el enorme armazón de hierro. Las de las sierras cordobesas, rojas y deslumbrantes de mica; las salteñas, que trajo el Padre Gabriel del lecho del río, tan señoriales ellas; las de Pepe, grises y contundentes; las bellísimas lajas negras… Y entonces se agolparon las preguntas y las ideas de don Julio y de mi amigo, junto con las piedras…, créame, esta obra lleva los mil y un materiales que artista alguno  se pueda imaginar. Hasta que febrero se hacía corto y pedí ayuda  al Secretario de Obras Públicas, (mire el orgullo con que lo digo:” mi ex alumno”, Pichón, que tomó su celular como un príncipe y resolvió la situación con dos palabras. Él trajo a  los muchachos: a Miguel Ángel Mendoza, a Fredy Aranda, a Enrique Orellana, a Miguel Mansilla. Al principio, serios y distantes, como sin entender. Pero le aseguro que es cosa de la Virgen, que en pocos días, todos se mostraron dispuestos a ayudar y a construir entre risas y trabajo. Animados, laboriosos, buenos… Tanto, que el asado de despedida pareció una fiesta .

Por fin Don Verón, le cuento, instaló unas luces blancas, regalo de   María Teresa. Esa noche misma  iluminaron la gran cueva como la luna llena de Pascua.

Así, piedra a piedra, y sueño a sueño, llegó el momento especial. Viera con qué respeto y delicadeza, Abet  colocó la blanca y pequeña imagen de la Virgen de Lourdes. Claro, pues! ¡Ella era el centro de nuestro universo!


De esta manera se hizo realidad el emprendimiento, resultado de tantos aportes como son las y los chicos del profesorado, los profesores, Sonia y Mariela que anduvieron tras la rifa, recaudando de a poquito, con paciencia y tesón. Por eso la gruta se parece a nosotros, igualita. Porque estuvimos todos juntos como las piedras, de distinto color, diversas y originales, pero amalgamadas en la misión.


Por supuesto, una clara mañana apareció. Mire, de los que pasaban por allí, hasta los ojos de esos que en lugar de mirar espían, vio? Hasta los ojos de esos se ponían grandes. Era realmente bella, una gran artesanía, como dijo don Julio.

Pero faltaban las flores! Divinas flores correntinas trajo Mirna. Para más, Gabi, con su delicado temperamento, adornó el gran macetero que posa debajo de la Virgen, con jazmines celestes, como su manto, y algunas rositas rococó, que se asoman como pequeñas plegarias junto a los entrelazados ramos verdes .

El 11 de marzo, el día en que el Colegio “San Francisco Solano” celebre sus Bodas de Oro, será bendecida y entregada a la comunidad.  Con contenida emoción pensaré en aquellos franciscanos que vinieron de tan lejos trayendo este mensaje, me remontaré a los que, mirando los dulces ojos de María, elevarán esa súplica por aquel enfermo, por esta otra necesidad. Y contemplaré en mi corazón los ocasos que el Ángelus vestirá de misterio y rosa. Luego me iré despacio.

María Rosa Meléndez

Quiere que le diga? El mejor albañil de Monte Quemado es don Julio Abet. Y el más paciente, mire. Se pasó en el patio del colegio todo el ardiente enero y sus colosales lluvias esperando que alguien le dijera qué era lo que tenía que hacer. Y así, recién en febrero, apareció el amigo que me ayudó a explicarme, como si hubiera leído mi mente (lo cual es muy difícil de por sí), y le dijo, trazando con un cascote de ladrillo, una enorme parábola en la pared:”  Mire, don Julio, esto es lo que quieren hacer acá. Así”. De esta manera, ambos empezaron a convocar a las piedras, una por una, sobre el enorme armazón de hierro. Las de las sierras cordobesas, rojas y deslumbrantes de mica; las salteñas, que trajo el Padre Gabriel del lecho del río, tan señoriales ellas; las de Pepe, grises y contundentes; las bellísimas lajas negras… Y entonces se agolparon las preguntas y las ideas de don Julio y de mi amigo, junto con las piedras…, créame, esta obra lleva los mil y un materiales que artista alguno  se pueda imaginar. Hasta que febrero se hacía corto y pedí ayuda  al Secretario de Obras Públicas, (mire el orgullo con que lo digo:” mi ex alumno”, Pichón, que tomó su celular como un príncipe y resolvió la situación con dos palabras. Él trajo a  los muchachos: a Miguel Ángel Mendoza, a Fredy Aranda, a Enrique Orellana, a Miguel Mansilla. Al principio, serios y distantes, como sin entender. Pero le aseguro que es cosa de la Virgen, que en pocos días, todos se mostraron dispuestos a ayudar y a construir entre risas y trabajo. Animados, laboriosos, buenos… Tanto, que el asado de despedida pareció una fiesta .

Por fin Don Verón, le cuento, instaló unas luces blancas, regalo de   María Teresa. Esa noche misma  iluminaron la gran cueva como la luna llena de Pascua.

Así, piedra a piedra, y sueño a sueño, llegó el momento especial. Viera con qué respeto y delicadeza, Abet  colocó la blanca y pequeña imagen de la Virgen de Lourdes. Claro, pues! ¡Ella era el centro de nuestro universo!


De esta manera se hizo realidad el emprendimiento, resultado de tantos aportes como son las y los chicos del profesorado, los profesores, Sonia y Mariela que anduvieron tras la rifa, recaudando de a poquito, con paciencia y tesón. Por eso la gruta se parece a nosotros, igualita. Porque estuvimos todos juntos como las piedras, de distinto color, diversas y originales, pero amalgamadas en la misión.


Por supuesto, una clara mañana apareció. Mire, de los que pasaban por allí, hasta los ojos de esos que en lugar de mirar espían, vio? Hasta los ojos de esos se ponían grandes. Era realmente bella, una gran artesanía, como dijo don Julio.

Pero faltaban las flores! Divinas flores correntinas trajo Mirna. Para más, Gabi, con su delicado temperamento, adornó el gran macetero que posa debajo de la Virgen, con jazmines celestes, como su manto, y algunas rositas rococó, que se asoman como pequeñas plegarias junto a los entrelazados ramos verdes .

El 11 de marzo, el día en que el Colegio “San Francisco Solano” celebre sus Bodas de Oro, será bendecida y entregada a la comunidad.  Con contenida emoción pensaré en aquellos franciscanos que vinieron de tan lejos trayendo este mensaje, me remontaré a los que, mirando los dulces ojos de María, elevarán esa súplica por aquel enfermo, por esta otra necesidad. Y contemplaré en mi corazón los ocasos que el Ángelus vestirá de misterio y rosa. Luego me iré despacio.

María Rosa Meléndez

MARÍA ROSA MELÉNDEZ

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