Posts Tagged ‘ENSAYOS’

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 23.000 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 9 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

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Cristina: fin y principio

Dentro de mil años, si es que existen el planeta y la humanidad tal cual los conocemos, es posible que se estudie en las lecciones de Historia que en las naciones como la Argentina convivían dos castas o clases dominantes: la de los militares y la de los políticos. Ambas se turnaban en el comando, si bien sometidas a pujas internas, por una razón elemental: los dictados de aquellos que mueven los hilos no tan invisibles del destino humano, en función de su propia supervivencia. Quiero decir, que a cada una de estas castas le toca el poder cuando puede ser respuesta al devenir propuesto por el verdadero Poder, en función de las reales políticas a seguir para mantener el difícil y necesario equilibrio de la conservación, en una tierra en la que se gastan ingentes cantidades de energía no renovable y la superpoblación fenomenal  choca con la falta de recursos laborales, único método conocido por el hombre hasta el siglo XX, para lograr su subsistencia y su progreso en base a su dignidad.

Esto, hasta el presente. Pero  veamos qué ocurre en los albores del siglo XXI. Las masas necesitadas, no sólo de techo y comida sino también de todo aquello que la producción industrial y tecnológica genera para sostener a las clases acomodadas en base a su comercialización, no encuentran, debido a su crecimiento poblacional y su falta de capacitación, modo de adquirir estos bienes. Falta el trabajo y los posibles aspirantes están muy lejos de poseer, mínimamente, los conocimientos necesarios para abordarlo. Inútil es que las escuelas públicas aumenten el número de años de asistencia obligatoria. Podrían hacerlo hasta el infinito. Un profesor de escuela pública, según lo aprendido a partir de sus programas, no cubre ni básicamente, los saberes que se necesitan tanto en tecnología, computación, idiomas o avance de cualquier ciencia aplicada. Los verdaderos “billgatitos” urbanos estudian en otros sitios y de otra manera. Ellos, los que dirigirán el mundo, son los pocos y ciertos depositarios del saber. No circulan por las redes convencionales. No miran la televisión, que quedó como alimento de masas, no leen lo que las mayorías leen, no se preparan ni piensan igual.

En tanto se hace necesario la gobernabilidad de estas masas crecientes de desocupados y caídos del sistema. Para esto se necesitan gobiernos que sustenten los llamados planes sociales, es decir, brindar un mínimo de contención en alimentos y en la ilusión de vivir con todo lo que la tecnología genera (lo cual, no olvidemos, sostiene la industria tecnológica y detrás de la que se asienta las clases acomodadas y sus billgatitos).

Proyectos como “el tren bala” fracasan porque son irrelevantes para sostener esta realidad. En cambio, “fútbol para todos” o “asignación universal por hijo”, son planes que sustentan la gobernabilidad. Y es necesario gobernar a estas masas. En realidad, todo plan, por generoso que sea supone un gran ahorro si pensamos cuánto se gastaría en verdaderos planes de educación y ordenamiento social y laboral.

El fenómeno de crecimiento de masas, que viene siendo anunciado por los especialistas y analistas simbólicos desde mediados del siglo pasado, es hoy una realidad. Gobiernos como los de Cristina, una respuesta. Es Cristina como podría ser Juanita, Pepito o Pedrito. Títeres de las corporaciones internacionales que determinan los rumbos a seguir.

Supo decir el Papa Juan Pablo II  que los delitos de ayer son las leyes de hoy. Aún estos cambios culturales vienen prefijados. ¿Se puede creer, por ventura, que la despenalización del aborto o el matrimonio gay son derechos adquiridos gracias a la lucha de sus protagonistas? Observemos cómo enemigos tales como el gobierno de Cristina y el holding de Clarín apuntan sus cañones al mismo objetivo –la Iglesia- si se trata de estos temas.  Es que responden a la misma consigna: disminuir el crecimiento poblacional. En esta misma línea corre también, me aventuro a deducir, la des erotización producida por la excesiva exposición pornográfica en los programas de televisión para masas.

De hecho, se puede aseverar, ahondando en las palabras de Juan Pablo II, que el trabajo ya no es considerado fuente de dignidad, es decir, procurarse el alimento se va volviendo una realidad tan hostil, que sólo puede ser sostenida por gobiernos populistas que lo brindan junto con el techo y una pseudoeducaciòn, de manera gratuita. Para sostener esta realidad sin malherir los sentimientos de las masas hay que hablar de “derechos”. Ahora bien, esos derechos no se fundamentan en ninguna teoría que proponga al hombre como un ser trascendental, dado que por la naturaleza de la dádiva, sería un contrasentido. Son derechos y nada más. Porque sí. Es la muerte de la Filosofía. La posesión de la tierra, por otra parte, también surge como un derecho nuevo, ya no como consecuencia del esfuerzo y del trabajo, como proponían los códigos del siglo pasado, cuando inmigrantes lograban a través de toda una vida de madrugones y lumbagos, adquirir una finca para el sustento de su familia. En cambio, los grandes latifundios que explotan el negocio del alimento a partir del monopolio de la venta de semillas son contrarrestados por discursos oficiales en defensa de los pueblos originarios .A estos pueblos originarios – en ocasiones nada originarios- se atribuye por derecho la posesión de las tierras fiscales para establecer su hábitat. (En realidad, todos somos originarios si se lo piensa). Nada se dice de su derecho al trabajo. Por cierto, no lo hay.

El inmigrante no es considerado una riqueza, a pesar de los discursos que se centran en la discriminación, sino una peste. Y¿ qué otra cosa puede ser en un mundo carente de recursos? Por esta razón es que también los gobiernos populistas toman sus banderas. Es decir, se trata de asumir el sostén de las masas ignorantes  y hambrientas para su control. Estos gobiernos, son,  para las corporaciones y sus ciudadanos de primera,  imprescindibles, y para las mayorías descastadas, una cuestión de supervivencia.

María Rosa Meléndez

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Educar significa “conducir, guiar, encaminar”. Determinar que no hay sanciones para los que cometen delitos es educar, seguramente, es conducir pero al abismo.

Durante Los días pasados se escuchó a algunos “especialistas” repetir infinidad de veces en los distintos medios de comunicación que los niños que matan no son culpables porque necesitan educación.

Estas consideraciones, inigualables en su pobreza ética, parecería ser que se contradicen a sí mismas, pues decir a un joven que no es culpable por haber realizado el acto de quitar la vida a un semejante equivale, no sólo a otorgar el permiso para matar sino también a realizar el acto contrario a lo que se pregona: no educar.

Educar significa “conducir, guiar, encaminar”. Determinar que no hay sanciones para los que cometen delitos es educar, seguramente, es conducir pero al abismo. La irresponsabilidad de los que, en aras del ejercicio de una demagogia cada día más irracional y precipitada, se llaman “especialistas” y desbaratan la verdadera pedagogía masivamente, arrastra a toda la sociedad a consecuencia cada vez más irreparables.

Lo primero que deberíamos preguntarnos es qué derivaciones puede llegar a tener nuestro discurso. Si realmente nos preocupa contribuir a la construcción de una sociedad educada, abordemos estas cuestiones con sentido ético y con contenidos profundos.“Un ciego no puede guiar a otro ciego”.

En los treinta años que llevo participando en los distintos niveles del sistema educativo y advirtiendo el progresivo deterioro que es producto de este tipo de discurso, he comprobado que el crecimiento de la persona y el sentido de responsabilidad social están íntimamente vinculados con la interiorización de pautas morales, con la estructuración de una personalidad que puede discernir el bien y el mal. El hecho de sancionar a un joven por no responder a la confianza que se le brinda, no es traumatizar ni reprimir, señores especialistas, es EDUCAR.

La vida tiene un valor sagrado. No se puede enseñar a nuestra propia especie que está permitido eliminarla. Nadie tiene derecho a pasar impune porque no la respeta. Es la primera y más elemental regla de la EDUCACIÓN.

María Rosa Meléndez

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El gaucho. Mitos y verdades

El 10 de noviembre se ha establecido como el “Día de la Tradición” en homenaje a José Hernández, padre de la obra máxima de la literatura argentina, según la crítica tradicional. Este criterio no fue compartido por Jorge Luis Borges, quien consideraba que el personaje Martín Fierro no podía alcanzar semejantes alturas si se llevaba debida cuenta de sus borracheras y homicidios. Su admiración por Leopoldo Lugones lo impulsó a considerar a éste, un autor más completo para otorgarle el título honorífico arriba mencionado.

Muchos años después de la discusión, y situándonos en una zona, tal vez, más objetiva, no estaría mal revisar ambas posturas para lograr comprender quién era realmente este personaje y qué era lo que los argentinos, en general, esperaban de él.


Cierto es que José Hernández no niega el terrible derrotismo de su héroe, que lo lleva a quejarse, con un enorme sentimiento de minusvalía, de la situación en la que un estado insipiente y por cierto bastante corrupto, lo ubica, a partir de sustraerlo de una vida idílica; aunque nunca lograremos dar por cierto que haya sido tan feliz, familiero y trabajador como el autor pretende. Al respecto, podemos tomar algún pasaje de la infancia de Sarmiento, cuando recuerda, en su cansino San Juan, las repentinas invasiones de hordas de hombres salvajes que asolaban el pequeño poblado, o bien, de los textos de John Lynch, las matanzas de inmigrantes realizadas en la zona de Tandil por bandas de gauchos. En ambos casos, estamos hablando de pobladores sin asiento, a disposición de poderes corporativos o caudillos que muchas veces justificaban sus luchas por el territorio con discursos federalistas.

Este hombre de costumbres nómades, anárquico y pendenciero, por otro lado, sirvió también a la causa de la Independencia y a la defensa territorial en la protección de la frontera. (Admitamos, aunque no sea un razonamiento ad hoc, que el criollo mantenía con el indio una situación de mutuas hostilidades en las que le iba la vida, y, finalmente, el infortunado, también necesitaba un lugar donde vivir, aunque no registrara antecedentes originarios).

Es que, definitivamente, el gaucho, como grupo con características propias, no se asimila al paisano o criollo, sino que es el hombre de costumbres salvajes y andar solitario que permanentemente es perseguido con el cometido de someterlo a la ley, una ley que apenas comenzaba a elaborarse, y con unos modos muy propios de épocas inestables. Por esto mismo, el fin de los inmensos, casi infinitos, terrenos fiscales de la pampa húmeda  y el ganado cimarrón (esas vacas y caballos que nunca agradeceremos lo suficiente a nuestra madre patria y que se reprodujeron con tanta abundancia) conlleva a la desaparición del gaucho como ser libre y vagabundo, que tan bien le iba a la literatura romántica dentro de la que se inscribe la obra hernandiana.

Sin embargo, es un modernista quien va a constituir a este personaje en el mito que se lleva todos los laureles: más allá, de los consejos que Martín Fierro – después del purgatorio que significó para él, la vida en la toldería –  entrega como legado a sus hijos, y que dejan un sabor a grandeza, el cual dista leguas del homicida que supo discriminar a un moreno, el auténtico gaucho que toma la argentinidad como modelo, es el trabajador rural, vale decir,  el mismo gaucho, ya conchabado como peón de estancia, Don Segundo Sombra, hombre sabio, prudente, noble y leal por sobre todas las cosas, y gran conocedor de los oficios campestres, del trabajo que lo enaltece en su masculinidad y lo dignifica hasta la altura que necesita la utopía argentina.

Es a Ricardo Güiraldes, a quien debemos este feliz suceso. El gaucho, modelo de argentinidad, síntesis de las virtudes que definen al auténtico hombre de las pampas, se eleva con todas las cualidades, que en la realidad, fueron contrarias a las circunstancias vitales del protagonista del Martín Fierro.

Tal vez, lo que vio Borges, más allá de la eximia pluma de Hernández, es, no sólo una  cuestión de ética,  sino también de objetividad histórica. La tradición, en ocasiones se construye sobre miradas románticas.

María Rosa Meléndez

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La imaginación de los lectores y el género ficcional

La imaginación colectiva, quiso establecer hacia 1872, año de publicación del Martín Fierro, una relación directa entre la realidad y la ficción. Los lectores de aquellos años daban por absolutamente cierta y real la existencia de un gaucho llamado como el de la obra, a quien habían acontecido todas las desgracias y sinsabores que el autor plasmó en la misma. Curiosamente, en la composición del gran poema argentino, la crítica descubre que partes en las que se describen las aventuras de otros personajes menores, fueron en una primera instancia, pensadas para el protagonista. Por supuesto, como toda obra de ficción, se trata de una creación de la imaginación de José Hernández, tanto que, como todos sabemos, su nombre es tomado del partido de San Martín, en el que pasó su infancia y el apellido, de un apodo que se atribuye a su contextura física.

Es que de alguna manera, la magia de la literatura consiste en que cada lector puede volar con su propia imaginación y realizar relaciones con su propia realidad. Por algo se dice que existen tantas interpretaciones de un texto como lectores pasen por el mismo.

La materia propia del género narrativo es la ficción. Imagínense que de lo contrario, Furia sería un caballo escritor; el autor de Corazón, un niño de cinco años y qué nos queda para el gran Dante sino sospechar que paseó por el infierno y volvió de la muerte. En sí mismo, ni siquiera el narrador es el autor. El narrador es también ficticio, una producción de la mente creadora del escritor que cuenta una historia, fabula, inventa.

Me ha ocurrido recibir comentarios en los que se identifica tal o cual personaje de mis cuentos con quién sabe qué señor  o señora de la vida real . Si así fuera, si mis cuentos tomaran referencias reales, entonces, yo habría vivido en la Alemania Nazi, practicaría ritos de la macumba y me habría suicidado en una ciudad marina.

La distinción es elemental. Existen cuatro géneros literarios: la lírica, en la que efectivamente, el autor vuelca mucho de sus emociones y sentimientos; el drama (único que aún no he publicado) que se desarrolla para ser representado frente a un público; el ensayo, que expresa efectivamente el pensamiento de su autor (por ejemplo, mis “pequeños ensayos”, en los cuales manifiesto mi opinión sobre el normalismo o el fútbol contemporáneo, y por supuesto, se prestan a la polémica) y la narrativa, que es ficcional, a través de la cual el autor crea mundos imaginarios, como todos los cuentos que publico en mi página, por ejemplo El Pescador, Chalet antiguo se vende,  El collar de huesitos de ónix, La fea o Encontrar amigos.

Cuando un cuento suscita comentarios, entonces descubro, maravillada, cómo las emociones del lector se mezclan en su subconsciente con su propia mirada de la realidad, y establece relaciones subjetivas con su propia vida. Verdaderamente, la literatura es fascinante.

Esto es un pequeño ensayo……

María Rosa Meléndez

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La imaginación de los lectores y el género ficcional

La imaginación colectiva, quiso establecer hacia 1872, año de publicación del Martín Fierro, una relación directa entre la realidad y la ficción. Los lectores de aquellos años daban por absolutamente cierta y real la existencia de un gaucho llamado como el de la obra, a quien habían acontecido todas las desgracias y sinsabores que el autor plasmó en la misma. Curiosamente, en la composición del gran poema argentino, la crítica descubre que partes en las que se describen las aventuras de otros personajes menores, fueron en una primera instancia, pensadas para el protagonista. Por supuesto, como toda obra de ficción, se trata de una creación de la imaginación de José Hernández, tanto que, como todos sabemos, su nombre es tomado del partido de San Martín, en el que pasó su infancia y el apellido, de un apodo que se atribuye a su contextura física.

Es que de alguna manera, la magia de la literatura consiste en que cada lector puede volar con su propia imaginación y realizar relaciones con su propia realidad. Por algo se dice que existen tantas interpretaciones de un texto como lectores pasen por el mismo.

La materia propia del género narrativo es la ficción. Imagínense que de lo contrario, Furia sería un caballo escritor; el autor de Corazón, un niño de cinco años y qué nos queda para el gran Dante sino sospechar que paseó por el infierno y volvió de la muerte. En sí mismo, ni siquiera el narrador es el autor. El narrador es también ficticio, una producción de la mente creadora del escritor que cuenta una historia, fabula, inventa.

Me ha ocurrido recibir comentarios en los que se identifica tal o cual personaje de mis cuentos con quién sabe qué señor  o señora de la vida real . Si así fuera, si mis cuentos tomaran referencias reales, entonces, yo habría vivido en la Alemania Nazi, practicaría ritos de la macumba y me habría suicidado en una ciudad marina.

La distinción es elemental. Existen cuatro géneros literarios: la lírica, en la que efectivamente, el autor vuelca mucho de sus emociones y sentimientos; el drama (único que aún no he publicado) que se desarrolla para ser representado frente a un público; el ensayo, que expresa efectivamente el pensamiento de su autor (por ejemplo, mis “pequeños ensayos”, en los cuales manifiesto mi opinión sobre el normalismo o el fútbol contemporáneo, y por supuesto, se prestan a la polémica) y la narrativa, que es ficcional, a través de la cual el autor crea mundos imaginarios, como todos los cuentos que publico en mi página, por ejemplo El Pescador, Chalet antiguo se vende,  El collar de huesitos de ónix, La fea o Encontrar amigos.

Cuando un cuento suscita comentarios, entonces descubro, maravillada, cómo las emociones del lector se mezclan en su subconsciente con su propia mirada de la realidad, y establece relaciones subjetivas con su propia vida. Verdaderamente, la literatura es fascinante.

Esto es un pequeño ensayo……

María Rosa Meléndez

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Inmigrantes…

 

Un pequeño escritor de pueblo, ensoberbecido hasta la gordura por algunas publicaciones vernáculas que ha logrado después de mucho trajinar, envuelto en la ola que va a favor de la corriente, promociona sus sentimientos embozados en términos de ideas, en un diario provinciano de mucha salida. Leyéndolo, pienso: cuántas veces nuestro sistema límbico no nos permite razonar en bien de la verdad y cuántas veces, la demagogia y el populismo obnubilan mentes que pudieron realmente aportar sabiduría a su humanidad.

El bicentenario era el tema anunciado en el título de su artículo. Pero en la pulpa comenzaba a brotar el odio, un odio quién sabe amasado por cuanta frustración acumulada, resentimientos escondidos y ambiciones inconfesas. El hecho es que los que salíamos pagando éramos, (de rigor), los descendientes de inmigrantes, esos que llegaron “hambrientos, harapientos” y no recuerdo cuántas cosas más y que se enriquecieron con lo ajeno…Y así continúa pintando a los abuelos de usurpadores, seres despiadados, ladrones, etc., etc., en desmedro de los pobladores que él llama originarios, quienes eran seres puros, y en quienes residían todos los derechos, (nada dice de deberes)

Frente a este tipo de manifestaciones suelen acontecer dos actitudes: la de los porteños o los religiosos españoles que acosados por la culpa, otorgan toda la razón y se lo pasan realizando colectas y donaciones, o la de los gobiernos como el que nos tocó en suerte, que, con el fin de garantizar la gobernabilidad y perpetuarse hacen lo propio y fomentan, además, versiones históricas distorsionadas.

Yo, que me he pasado la vida, por elección, trabajando sin mayor recompensa que un salario indigno y mucha discriminación hacia mi color de piel (blanca) en lugares donde resignadamente y en silencio traté de edificar sin demagogias ni resentimientos ni odios, lugares mayormente del noroeste argentino, creo que me gané el derecho a alguna pequeña reflexión. Y quiero hacerla.

Quiero, en principio, hacer homenaje y reparación a mis abuelos, (los de todos los descendientes de inmigrantes) que dejando las márgenes del Mediterráneo, llegaron buscando la paz y derramaron con tanto amor, sus esfuerzos y sacrificios, con gratitud y con fe, sobre esta tierra que yacía abandonada. Y en el camino de la construcción, fueron aprendiendo a sentirse argentinos, nos enseñaron la historia, la geografía y los valores nacionales, nos exigieron honradez, austeridad y virtud. Pusieron a presidir el aula el retrato de San Martín y no el del gobernador que hace la vista gorda y enriquece a sus funcionarios. Y murieron en la humildad.

Quiero, por otra parte, repensar las ideas de Paolo Freire, ese inmenso educador que propuso la pedagogía del oprimido en aras de una sociedad basada en la libertad y el amor, cuando nos enseñaba el gran drama de nuestros pueblos. Explicaba que, el oprimido aprendía una forma de conducta y un sistema del cual no se sale sin un esfuerzo de la conciencia. Por lo tanto, en el esquema piramidal que podría representar una sociedad de opresores y oprimidos, el que se encuentra en la base, puja por ascender escalando hacia la cumbre de la pirámide, y cuando llega, repite las mismas conductas opresoras que aprendió de aquellos que lo oprimieron. Freire propone cambiar ese esquema y transformarlo en un círculo.

Efectivamente, uno ve por estos pagos, gracias al otrora magnífico Estado de Bienestar, que la gente que sufría pobreza, ha progresado infinitamente. Los que vivían en ranchos habitan confortables casas; los que trabajaban como hacheros y peones son dueños de grandes extensiones de campos fiscales; los que andaban en zorras manejan camionetas de doble cabina. ¡Qué bien! ¡Qué bien! Justicia. Justicia. Pero ahora son ellos los que oprimen, y no como consecuencia de un pensamiento de época, sino con la corrupción que está tan naturalizada, que verdaderamente no se percibe como tal.

La corrupción y el materialismo envueltos en el manto de la demagogia y de la ignorancia, acunado por las voces que gritan los derechos de los pueblos originarios y que azotan con improperios a todo prócer del pasado argentino, instalada en la cátedra mayor.

Ya no se ve la austeridad, ya no existen la humildad ni el sacrificio. Las cosas no se consiguen noblemente. La vanidad lo cubre todo. Es a diario. Es mediocre. Es desesperanzador.

Pero con cuánta eficiencia se manejan los objetos electrónicos que inventaron esos mismos gringos repelidos y denostados! (perdóneseme esta pequeña ironía que sólo intenta sintetizar un pensamiento).

Sé que todo esto pasará. He vivido lo suficiente como para saber que todo pasa. Sé que volverá el equilibrio. Pero tengamos este alerta, que aprendí de las hoy criticadas maestras normales, hasta ayer, madres de la Nación Argentina: si una enfermedad me inhabilita el brazo, soy conciente de que mi brazo está enfermo, hago rehabilitación y lo curo. Pero, si una enfermedad trastorna mi memoria, cómo podré recordar que necesito curarme?

María Rosa Meléndez

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MARÍA ROSA MELÉNDEZ

CUENTOS Y POEMAS

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