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 27º Certamen Literario Nacional del Inmigrante

1er. PREMIO: POESIA

Romance de la Patria Niña

“. María Rosa Meléndez “

Otorgado por la  La Federación de Entidades de Bien Público de Berisso

Romance de la Patria Niña

Cuando llegó el abuelo
Era niña la Patria,
Sus campos asustados
Bajo el cielo soñaban
Aún con los espectros
De las lides pasadas…
Virreyes de alta alcurnia,
Colonos y mesnadas
Que sembraron desiertos
De caballos y vacas,
Que dejaron al paso
De su bota y su espada
La lengua fabulosa
Que nutre nuestra savia.
Aún se escuchaban ecos
De gloriosas hazañas
Del  parto doloroso
Que gestó en las quebradas
Los llanos y los montes
El mar y las montañas
La sangre de los héroes
Y el alba de una raza.
El abuelo ( y su guerra)
Con hambre y esperanza
Remangó la camisa
Y empezó la labranza.
En sus hombros crecieron
Los trigales, las zafras,
Los caminos y puentes,
Los talleres, las fábricas.
Y un sentimiento nuevo
De terruño y nostalgia.

Y era niña la patria…

Mi madre fue a la escuela
Con un par de alpargatas.
De blanco, la maestra,
Viejas rondas cantaba,
Y le contó la historia,
Y le habló de distancias,
Y en el patio, una enseña
De sol, celeste y blanca,
Premio y honor, los niños,
Izaban en el alba.
Mi madre aprendió el nombre
De todos los patriarcas,
Y se detuvo en Mayo,
Vestidita de dama
Sirviendo chocolate
En bandeja de plata,
Y recitando versos
Bajo el sol de la plaza.
El mito creó al tiempo
Y el tiempo la esperanza.

Y era niña la Patria…

En el sillón vetusto
Bajo la vieja parra
Por descansar, me siento,
Esta cansada espalda.
Abro el libro y aprendo,
La historia revisada,
Los nuevos paradigmas,
Las viejas añagazas,
Las opiniones frescas
Los discursos que estallan,
Los polémicos arcos,
Las flechas disparadas.
(Y el pueblo… adormecido
De la ruidosa trama).
Casi lloro, mas cedo,
Se reconforta mi alma:
Sólo doscientos años
Tiene mi niña Patria.

Y es tan niña la Patria…

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 25 de Mayo de 2.011

 

25 de Mayo. Bronce y lluvia.

Patria que germinaste en el otoño.

Te están buscando todavía los sueños

En las estatuas y en los escombros.

 

25 de Mayo de la infancia

En el manual que aprende la memoria:

“Saavedra  presidente, Secretario Moreno…”

Y el alma niña se encendía en gloria…

 

Te están amando todavía

el encendido fuego y el milagro,

La triste y sabia sombra que la vida

Pasa para velar los desengaños.

 

25 de Mayo y pergaminos

Ocres… revueltas y proclamas.

Chocolate y Te Deum y granaderos

Y el Acto de la Plaza.

 

Todavía te esperan los jazmines

Que no quiere laureles esta historia,

Porque Mayo y sus hombres le enseñaron

Qué triste puede ser la demagogia.

 

25 de Mayo y en el cielo

El sol dorado de vibrantes rayos.

Los niños que recitan nuestros versos

Y siguen nuestros pasos

 

Esperan todavía el patriotismo

Callado del trabajo,

La música divina de la fábrica

El místico mugido de los campos.

 

El colosal esfuerzo del estudio,

El austero perfil  del gobernante,

25 de mayo. Bronce y lluvia

¿Cuándo será como antes?

 

María Rosa Meléndez

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“El cerebro de los necios transforma la Filosofía en tontería y la Ciencia en superstición”

George Bernard Shaw

No es novedad que las falsas creencias se remontan al origen de la existencia humana. En las épocas prehistóricas, aseveran los historiadores, el hombre no distinguía entre causa y consecuencia, es decir, no había desarrollado aún su capacidad de razonamiento como para entender el encadenado de los hechos que se suceden en la naturaleza. La procreación, por ejemplo, no se detectaba como una consecuencia de los actos sexuales; el fuego, caro tesoro, era conservado pero no lograban encenderlo sino que lo tomaban de los bosques en llamas producidas, tal vez, por los rayos en el devenir de las tormentas. De eso se trata el pensamiento mágico: origina culturas que son dominadas por creencias falsas y el hombre se encuentra sometido a su acción, depende de que le sean favorables esos misterios de la vida , genera, alrededor de ellos, para su propia tranquilidad, cantidad de ritos, inventa deidades y atribuye a los objetos poderes extraordinarios. El hombre se siente atado a algo superior que le procurará su felicidad o su desasosiego.

Contrariamente a lo que circula en cierta literatura secular, la religión viene junto con el desarrollo de la ciencia, a liberar a la humanidad de estas ataduras. Precisamente, el término “religión” de “religare” presenta un contenido más que significativo, pues habla de devolver al hombre una conexión que parece tener desprendida. La religión lo religa, lo vuelve a conectar con el principio de toda razón y de todo bien.  Y la ciencia que se abre camino lentamente a partir de la Grecia clásica, precedida  por la pregunta filosófica, viene a revertir lo que era “casualidad” en términos de “causalidad”.  La magia concurre a ocupar su lugar, con el devenir del tiempo, de entretenimiento social o juego de niños.

Sin embargo, como suele suceder, muchas veces la gente reemplaza la fe por la magia en busca de soluciones repentinas que le brinden satisfacción inmediata. Esta confusión entre religión y magia es acaso la misma que se da entre esperanza e ilusión. Y es, me temo, el motivo por el cual el filósofo Nietche expresó con gran congoja de su parte, aquella célebre frase: “Dios ha muerto”. Pues esa desesperación que lo llevó a descreer de todo y de todos se fundaba precisamente en la tremenda “desilusión” de un dios que no interviene entre la maldad y las buenas intenciones, el Dios que respeta nuestro libre albedrío.

La ciencia, por su parte, corre frecuentemente, la misma suerte. Ocurre que, por distintas vías, a pesar y valiéndose de la tecnología, se hurga en las antiguas civilizaciones con el fin de descubrir  soluciones maravillosas que, por supuesto, anulen las leyes de la causalidad y presten alegremente casuales, perfiles míticos a una civilización que se aburre.

Siempre resulta más fácil volver a ser niño, desde luego, ceder nuestra libertad y nuestra capacidad de decidir soberanamente y no asumir el desafío y las consecuencias de nuestras decisiones. Es por eso que muchos de nosotros, a pesar de y gracias a los avances tecnológicos, recurrimos a esa mala mezcla de magia y falsa ciencia para encontrar la felicidad, el amor y, lo que es verdaderamente triste, la paz espiritual.

Este retroceso de la humanidad que efectuamos individualmente y que a la postre nos deja con las manos y el corazón vacíos es alimentado por muchas personas que poseen una gran capacidad de seducción y también, para mal de ellas, una cultura e instrucción  mayor que la  de la mayoría. Precisamente, por esa condición, saben de la necesidad humana de ser engañado en pos de ilusiones y sueños mágicos. Así es como encontramos vendedores de gemas, piedras con toda clase de poderes, cabalistas, curanderos y brujos de toda laya, muy modernos y atractivos, que llenan de esplendor la candidez de la ignorancia y de dinero, sus bolsillos.

Este negocio consiste, sin duda en  propagar,  una especie de “religión” frívola y liviana que no exige pautas morales,  y que brinda todo lo se puede desear. Lamentablemente, estos devotos que pagan un buen precio por las piedritas cordobesas o brasileras que podrían encontrar en cualquier excursión bien guiada a menor costo, o por unas barajas que parecen vaticinarle encuentros que de todas maneras sucederán o no sucederán, perderán su ilusión, pues de eso se trata, de una “illusio” (engaño) en manos de quien ejerce un “illudere” (burlarse, jugar en contra).

En este fin de año que se aproxima recuperemos la libertad de poder decidir y conseguir con nuestro propio esfuerzo las cosas que amablemente soñamos. Y  dependamos de nuestra esperanza en el Principio de toda razón y todo bien, para no ser defraudados ni usados por estos nuevos estafadores que utilizan nuestras ancestrales creencias para acrecentar sus apetencias materiales.

La mentira tiene rostros atractivos pero la Verdad es una Luz inconmovible.

María Rosa Meléndez

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“El cerebro de los necios transforma la Filosofía en tontería y la Ciencia en superstición”

George Bernard Shaw

No es novedad que las falsas creencias se remontan al origen de la existencia humana. En las épocas prehistóricas, aseveran los historiadores, el hombre no distinguía entre causa y consecuencia, es decir, no había desarrollado aún su capacidad de razonamiento como para entender el encadenado de los hechos que se suceden en la naturaleza. La procreación, por ejemplo, no se detectaba como una consecuencia de los actos sexuales; el fuego, caro tesoro, era conservado pero no lograban encenderlo sino que lo tomaban de los bosques en llamas producidas, tal vez, por los rayos en el devenir de las tormentas. De eso se trata el pensamiento mágico: origina culturas que son dominadas por creencias falsas y el hombre se encuentra sometido a su acción, depende de que le sean favorables esos misterios de la vida , genera, alrededor de ellos, para su propia tranquilidad, cantidad de ritos, inventa deidades y atribuye a los objetos poderes extraordinarios. El hombre se siente atado a algo superior que le procurará su felicidad o su desasosiego.

Contrariamente a lo que circula en cierta literatura secular, la religión viene junto con el desarrollo de la ciencia, a liberar a la humanidad de estas ataduras. Precisamente, el término “religión” de “religare” presenta un contenido más que significativo, pues habla de devolver al hombre una conexión que parece tener desprendida. La religión lo religa, lo vuelve a conectar con el principio de toda razón y de todo bien.  Y la ciencia que se abre camino lentamente a partir de la Grecia clásica, precedida  por la pregunta filosófica, viene a revertir lo que era “casualidad” en términos de “causalidad”.  La magia concurre a ocupar su lugar, con el devenir del tiempo, de entretenimiento social o juego de niños.

Sin embargo, como suele suceder, muchas veces la gente reemplaza la fe por la magia en busca de soluciones repentinas que le brinden satisfacción inmediata. Esta confusión entre religión y magia es acaso la misma que se da entre esperanza e ilusión. Y es, me temo, el motivo por el cual el filósofo Nietche expresó con gran congoja de su parte, aquella célebre frase: “Dios ha muerto”. Pues esa desesperación que lo llevó a descreer de todo y de todos se fundaba precisamente en la tremenda “desilusión” de un dios que no interviene entre la maldad y las buenas intenciones, el Dios que respeta nuestro libre albedrío.

La ciencia, por su parte, corre frecuentemente, la misma suerte. Ocurre que, por distintas vías, a pesar y valiéndose de la tecnología, se hurga en las antiguas civilizaciones con el fin de descubrir  soluciones maravillosas que, por supuesto, anulen las leyes de la causalidad y presten alegremente casuales, perfiles míticos a una civilización que se aburre.

Siempre resulta más fácil volver a ser niño, desde luego, ceder nuestra libertad y nuestra capacidad de decidir soberanamente y no asumir el desafío y las consecuencias de nuestras decisiones. Es por eso que muchos de nosotros, a pesar de y gracias a los avances tecnológicos, recurrimos a esa mala mezcla de magia y falsa ciencia para encontrar la felicidad, el amor y, lo que es verdaderamente triste, la paz espiritual.

Este retroceso de la humanidad que efectuamos individualmente y que a la postre nos deja con las manos y el corazón vacíos es alimentado por muchas personas que poseen una gran capacidad de seducción y también, para mal de ellas, una cultura e instrucción  mayor que la  de la mayoría. Precisamente, por esa condición, saben de la necesidad humana de ser engañado en pos de ilusiones y sueños mágicos. Así es como encontramos vendedores de gemas, piedras con toda clase de poderes, cabalistas, curanderos y brujos de toda laya, muy modernos y atractivos, que llenan de esplendor la candidez de la ignorancia y de dinero, sus bolsillos.

Este negocio consiste, sin duda en  propagar,  una especie de “religión” frívola y liviana que no exige pautas morales,  y que brinda todo lo se puede desear. Lamentablemente, estos devotos que pagan un buen precio por las piedritas cordobesas o brasileras que podrían encontrar en cualquier excursión bien guiada a menor costo, o por unas barajas que parecen vaticinarle encuentros que de todas maneras sucederán o no sucederán, perderán su ilusión, pues de eso se trata, de una “illusio” (engaño) en manos de quien ejerce un “illudere” (burlarse, jugar en contra).

En este fin de año que se aproxima recuperemos la libertad de poder decidir y conseguir con nuestro propio esfuerzo las cosas que amablemente soñamos. Y  dependamos de nuestra esperanza en el Principio de toda razón y todo bien, para no ser defraudados ni usados por estos nuevos estafadores que utilizan nuestras ancestrales creencias para acrecentar sus apetencias materiales.

La mentira tiene rostros atractivos pero la Verdad es una Luz inconmovible.

María Rosa Meléndez

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La imaginación de los lectores y el género ficcional

La imaginación colectiva, quiso establecer hacia 1872, año de publicación del Martín Fierro, una relación directa entre la realidad y la ficción. Los lectores de aquellos años daban por absolutamente cierta y real la existencia de un gaucho llamado como el de la obra, a quien habían acontecido todas las desgracias y sinsabores que el autor plasmó en la misma. Curiosamente, en la composición del gran poema argentino, la crítica descubre que partes en las que se describen las aventuras de otros personajes menores, fueron en una primera instancia, pensadas para el protagonista. Por supuesto, como toda obra de ficción, se trata de una creación de la imaginación de José Hernández, tanto que, como todos sabemos, su nombre es tomado del partido de San Martín, en el que pasó su infancia y el apellido, de un apodo que se atribuye a su contextura física.

Es que de alguna manera, la magia de la literatura consiste en que cada lector puede volar con su propia imaginación y realizar relaciones con su propia realidad. Por algo se dice que existen tantas interpretaciones de un texto como lectores pasen por el mismo.

La materia propia del género narrativo es la ficción. Imagínense que de lo contrario, Furia sería un caballo escritor; el autor de Corazón, un niño de cinco años y qué nos queda para el gran Dante sino sospechar que paseó por el infierno y volvió de la muerte. En sí mismo, ni siquiera el narrador es el autor. El narrador es también ficticio, una producción de la mente creadora del escritor que cuenta una historia, fabula, inventa.

Me ha ocurrido recibir comentarios en los que se identifica tal o cual personaje de mis cuentos con quién sabe qué señor  o señora de la vida real . Si así fuera, si mis cuentos tomaran referencias reales, entonces, yo habría vivido en la Alemania Nazi, practicaría ritos de la macumba y me habría suicidado en una ciudad marina.

La distinción es elemental. Existen cuatro géneros literarios: la lírica, en la que efectivamente, el autor vuelca mucho de sus emociones y sentimientos; el drama (único que aún no he publicado) que se desarrolla para ser representado frente a un público; el ensayo, que expresa efectivamente el pensamiento de su autor (por ejemplo, mis “pequeños ensayos”, en los cuales manifiesto mi opinión sobre el normalismo o el fútbol contemporáneo, y por supuesto, se prestan a la polémica) y la narrativa, que es ficcional, a través de la cual el autor crea mundos imaginarios, como todos los cuentos que publico en mi página, por ejemplo El Pescador, Chalet antiguo se vende,  El collar de huesitos de ónix, La fea o Encontrar amigos.

Cuando un cuento suscita comentarios, entonces descubro, maravillada, cómo las emociones del lector se mezclan en su subconsciente con su propia mirada de la realidad, y establece relaciones subjetivas con su propia vida. Verdaderamente, la literatura es fascinante.

Esto es un pequeño ensayo……

María Rosa Meléndez

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La imaginación de los lectores y el género ficcional

La imaginación colectiva, quiso establecer hacia 1872, año de publicación del Martín Fierro, una relación directa entre la realidad y la ficción. Los lectores de aquellos años daban por absolutamente cierta y real la existencia de un gaucho llamado como el de la obra, a quien habían acontecido todas las desgracias y sinsabores que el autor plasmó en la misma. Curiosamente, en la composición del gran poema argentino, la crítica descubre que partes en las que se describen las aventuras de otros personajes menores, fueron en una primera instancia, pensadas para el protagonista. Por supuesto, como toda obra de ficción, se trata de una creación de la imaginación de José Hernández, tanto que, como todos sabemos, su nombre es tomado del partido de San Martín, en el que pasó su infancia y el apellido, de un apodo que se atribuye a su contextura física.

Es que de alguna manera, la magia de la literatura consiste en que cada lector puede volar con su propia imaginación y realizar relaciones con su propia realidad. Por algo se dice que existen tantas interpretaciones de un texto como lectores pasen por el mismo.

La materia propia del género narrativo es la ficción. Imagínense que de lo contrario, Furia sería un caballo escritor; el autor de Corazón, un niño de cinco años y qué nos queda para el gran Dante sino sospechar que paseó por el infierno y volvió de la muerte. En sí mismo, ni siquiera el narrador es el autor. El narrador es también ficticio, una producción de la mente creadora del escritor que cuenta una historia, fabula, inventa.

Me ha ocurrido recibir comentarios en los que se identifica tal o cual personaje de mis cuentos con quién sabe qué señor  o señora de la vida real . Si así fuera, si mis cuentos tomaran referencias reales, entonces, yo habría vivido en la Alemania Nazi, practicaría ritos de la macumba y me habría suicidado en una ciudad marina.

La distinción es elemental. Existen cuatro géneros literarios: la lírica, en la que efectivamente, el autor vuelca mucho de sus emociones y sentimientos; el drama (único que aún no he publicado) que se desarrolla para ser representado frente a un público; el ensayo, que expresa efectivamente el pensamiento de su autor (por ejemplo, mis “pequeños ensayos”, en los cuales manifiesto mi opinión sobre el normalismo o el fútbol contemporáneo, y por supuesto, se prestan a la polémica) y la narrativa, que es ficcional, a través de la cual el autor crea mundos imaginarios, como todos los cuentos que publico en mi página, por ejemplo El Pescador, Chalet antiguo se vende,  El collar de huesitos de ónix, La fea o Encontrar amigos.

Cuando un cuento suscita comentarios, entonces descubro, maravillada, cómo las emociones del lector se mezclan en su subconsciente con su propia mirada de la realidad, y establece relaciones subjetivas con su propia vida. Verdaderamente, la literatura es fascinante.

Esto es un pequeño ensayo……

María Rosa Meléndez

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Apertura del Foro “Los maestros en el Bicentenario”

Instituto Superior de Formación Docente N° 6 “Mons. Jorge Gottau”

A fines del siglo XIX, los fundadores de nuestra Patria se encontraron con una inmensa región poblada de riquezas naturales pero con una pobreza primordial: la falta de recursos humanos.

Esto suscitó la creación de leyes que favorecieran la inmigración. Así fue como durante un siglo,se vio una constante afluencia de extranjeros hacia nuestras tierras, especialmente durante los procesos de las dos guerras mundiales. Se trataba de ciudadanos de antiguas naciones que en busca de paz, poblaron el país y aportaron algo imprescindible: su vocación de trabajo. Con esfuerzo y sacrificio sin medida construyeron ciudades,levantaron fábricas y produjeron cosechas. Pero cómo construir una nación con procedencias tan dispares que, si bien constituían aportes extraordinarios dispersaban la identidad en lo que se llamó un verdadero “crisol de razas”? La respuesta fue la educación. En cada lejano rincón de la Patria, con blancos guardapolvos, se elevaba cada día la enseña nacional, se aprendía nuestra historia, nuestra geografía, nuestra lengua, y, sobre todo, se forjaba nuestro perfil. Esta tarea heroica, que se desarrolló durante un siglo en todo el territorio argentino fue llevado a cabo con perfección inusitada por  los maestros normales. A esta exitosa actividad que fue la base de la construcción de una nación que se constituyó en la séptima potencia mundial y una de las más adelantadas en el terreno de la educación en el mundo, el discurso moderno la llama “homogeneización” en oposición al término “diversidad” tan extendido en esta irónicamente sociedad de pensamiento único, que es mucho menos flexible en sus definiciones.

Ser maestro normal suponía una conducta moral, unos valores que transmitir desde la escuela a la sociedad. La legitimidad de estos jóvencitos que con apenas dieciocho años se paraban frente a los niños en las aulas, estaba basada en un profundo saber preñado de humanismo y una auténtica honradez que suscitaba respeto como base de la relación maestro – sociedad.

Con el devenir de los años, el nombre “maestro” ha sido reemplazado por “docente”. Maestro es el que se encuentra “más arriba”, posee una jerarquia que le brinda su formación, y por esa razón me puede guiar. Docente es simplemente “el que enseña”.

¿Qué nos pasó? Aceptemos que hubo al menos una generación de adultos que falló. Es así. Con la declinación del Estado de Bienestar y el advenimiento del neoliberalismo, se produce el fenómeno de la corrupción y su correlato, la impunidad, en todos los estamentos sociales, en las instituciones y por supuesto, en el sistema educativo. Pero la gota que rebalsa el vaso es, que como consecuencia del gran endeudamiento generado por  esto, los organismos de crédito internacionales, principalmente el Banco Mundial, imponen sus condiciones, perdiéndose las soberanas posibilidades de constituir una nación que se autodetermina, es decir,  hemos roto el juramento de “con gloria morir” y los laureles cuyo mandato era la eternidad ya se secaron. Una de las más dolorosas consecuencias de estas imposiciones fue la disminución del presupuesto para educación, con su sobrenombre “ley federal”, de infeliz vigencia a pesar de los esfuerzos de la Ley de Educación Nacional.

La consecuencia más directa y visible de la disminución presupuestaria está a la vista: los colegios contenedores. Contenedor no dicho en el sentido psicologista sino en alusión a esos baúles de hierro que se amontonan en los puertos. Estos colegios contienen a los alumnos como oscuros recintos en los que se habla todo el día de calidad y equidad pero ninguna de las dos aparece. Están allí. Se los guarda con algunos planes sociales para garantizar la gobernabilidad, término acuñado como eufemismo que equivale a decir: que la masa no explote.

Este es el motivo de la esperanza. Aunque parezca contradictorio, Nunca está más oscuro que cuando va a amanecer. El ver estos rostros jóvenes expectantes frente a los maestro que construyeron la PATRIA, la alegría de este encuentro en el que sienten que aprenderán una lección de vida, las preguntas que esperan ser respondidas como faros que iluminan en medio de la tormenta, hablan de que aún son tomados como modelos, que hay muchos futuros docentes que sueñan con llegar a ser “maestros”. Que así sea.

María Rosa Meléndez

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MARÍA ROSA MELÉNDEZ

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